
“Temerarios, idealistas y aventureros”: Adrián Pignatelli y un “lado B” del primer siglo de historia argentina
En su nuevo libro, Temerarios, idealistas y aventureros, Adrián Pignatelli propone una relectura del primer siglo de la Argentina entre 1810 y 1910 a través de hombres y mujeres menos recorridos por la historia...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: En su nuevo libro, Temerarios, idealistas y aventureros, Adrián Pignatelli propone una relectura del primer siglo de la Argentina entre 1810 y 1910 a través de hombres y mujeres menos recorridos por la historia oficial. Recuperar episodios y trayectorias que también aportaron a la construcción del país en su primer centenario. Si la historia argentina vuelve una y otra vez sobre figuras ya consagradas como San Martín, Belgrano, Sarmiento, Rosas y la Primera Junta, el libro editado por Crítica desplaza el foco hacia nombres importantes pero escasamente transitados.
Este es el caso de Juana Manso, escritora, traductora, periodista y maestra. La propuesta no busca quitarles lugar a los próceres que ya tienen un lugar consolidado en la memoria pública. El planteo es sumar otras biografías y otros episodios que también resultaron decisivos en ese período comprendido entre 1810 y 1910.
Los detalles
El autor resume ese universo humano con una definición incluida en la presentación del libro: “Es un cúmulo de hombres y mujeres que nos dicen a los gritos que ellos también existieron e hicieron. Los hubo valerosos, crueles, curiosos, conciliadores, arriesgados, traicionados y hasta resignados: sus vidas fueron curtidas en batallas, romances, complots, desencuentros, con finales felices y de los otros”. Pignatelli es periodista egresado de la Universidad Nacional de La Plata, con una larga trayectoria en medios, y se desempeña como prosecretario de la revista Redacción y columnista sobre historia y Malvinas en Infobae.
Antes de este libro ya había publicado cuatro títulos: Balbín, el presidente postergado en 1992, Ruggierito en 2005, El traidor en 2011 y El espía Juan Domingo Perón en 2014. A continuación, fragmentos de Temerarios, idealistas y aventureros. IntroducciónEn la autobiografía que esbozó en 1814 cuando el mundo se le había venido abajo después de Vilcapugio y Ayohúma, Manuel Belgrano escribió que la vida de los hombres públicos debía ser exhibida como ejemplo a imitar y también como una lección para evitar caer en lo que él llamaba “defectos”.
Mientras viajaba a Buenos Aires donde se lo sometería a un juicio militar del que sería sobreseído, seguramente estaban demasiado frescas en su espíritu las amargas sensaciones que le habían dejado las derrotas de octubre y noviembre del año anterior. Lo que el creador de la bandera pretendía era que se sacase una enseñanza tanto de lo bueno como de lo malo. La nuestra es una historia llena de episodios y procesos que encierran ejemplos a imitar, otros tantos que no, y que son analizados por historiadores con miradas riquísimas que invitan a la reflexión, la discusión y la polémica.
Qué dicen los expertos
Quitándole esa antigua pátina de “próceres”, todos están unidos en un común denominador, y es que de ellos se desprenden ejemplos, de los buenos y de los malos, disponibles para ser asimilados y estudiados para las nuevas generaciones. A lo largo del tiempo —casi no interesa mencionar una época determinada—, la puerta de entrada al fascinante mundo de nuestro pasado solía venir de la mano de hazañas, campañas espectaculares y reformas liminares. Los trabajos de Bartolomé Mitre, Historia de Manuel Belgrano y de la independencia argentina y la Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, dieron el puntapié inicial para acercar a la gente la vida de estos dos hombres, de los que actuaron con ellos, con detalles de los combates que libraron y del contexto de época.
De la misma forma, las Memorias póstumas del general José María Paz, que vieron la luz en 1855, las Memorias del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, publicadas en 1895, o las de Tomás de Iriarte, difundidas en el siglo XX, fueron útiles para acercar episodios de nuestra independencia y para levantar polémica sobre ciertos hechos que relatan y especialmente sobre algunos de los protagonistas de entonces. De ahí en más, serían repetitivas las apariciones ante el gran público de un adusto José de San Martín cruzando los Andes, un atildado Belgrano con sus pantalones a la moda de 1815 asociado a la bandera, un incansable Mariano Moreno repartiéndose en cientos de funciones en sus comprimidos nueve meses de su vida pública; de un polifacético Domingo F. Sarmiento quien, con su cara de gruñón a cuestas, daba la idea de que no hacía otra cosa que fundar escuelas, o un calculador Julio A.
Roca, observando la inmensidad del desierto, rodeado por su Estado Mayor, en medio de lsu campaña contra el indígena. Sin quitarle importancia a aquellos hombres, y sin ahondar en la maraña de sus logros y defectos, pretendí correrme de una categoría rebosante de nombres que fueron reservados para bautizar ciudades, autopistas, grandes avenidas y ámbitos señoriales, y que se los recuerda, con días feriados en los aniversarios de sus viajes al más allá. Por el contrario, decidí dedicarme a los que merecieron perdurar en calles, cortadas y plazas de pueblos y que cuando leemos sus nombres en carteles indicadores a veces se dispara la pregunta de quién fue y qué fue lo que hizo.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.



