
Vicio, deseo y “doble moral” en la España de los puteros: la historia de un oficio no siempre prohibido del que reyes como Fernando VII o Felipe IV “hicieron un arte”
Que lo que vemos no siempre coincide con la realidad queda bien claro en el nuevo libro de Javier Rioyo, Burdeles, picaderos y lupanares (Almuzara). El periodista, escritor y realizador de documentales ofrece entre sus...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Que lo que vemos no siempre coincide con la realidad queda bien claro en el nuevo libro de Javier Rioyo, Burdeles, picaderos y lupanares (Almuzara). El periodista, escritor y realizador de documentales ofrece entre sus páginas un viaje afilado y canalla por los 3. 000 años de historia de la prostitución en España, erigiendo a Madrid como el gran escenario de esta geografía de lo prohibido.
Más allá de la evolución histórica (de un negocio que empezó con los fenicios, pasó a los romanos y así hasta la bohemia y el franquismo), de los reyes y pícaros señalados, o de los rincones ocultos de una ciudad entregada al alterne, lo que se desprende de este ensayo es la histórica hipocresía que lo ha teñido todo, y que quizá nos explica mejor de lo que creemos. Rioyo desmonta los mitos alrededor del “oficio más antiguo del mundo”, en el que una rama en la puerta para indicar lo que había al otro lado popularizó la palabra “ramera”, tan institucionalizado que incluso contaba con aldeas propias. La censura total y el abolicionismo surgirían mucho más tarde, y la prohibición oficial no se produciría hasta 1956.
Los detalles
Así, el autor utiliza el deseo y el hampa moral como un espejo de la condición humana, en un análisis histórico que concluye que la prohibición absoluta siempre es estéril, mientras que el verdadero reto social es proteger a las mujeres de la explotación. Una historia universalJavier Rioyo nunca ha sido usuario de prostitución, pero eso no impide que, desde muy pronto, se sintiera interesado por un entorno que le generaba, dice, incomodidad. Recuerda su juventud en Alcalá de Henares, donde se atrevió a llegar solo hasta la barra de un prostíbulo famoso, Casa la Chata.
“Me parecían primero muy mayores, muy raras y no tenía ninguna intención de pasar ahí, pero era un mundo entre lo oscuro, lo sórdido y también algo inquietante”. Más adelante, como periodista, su contacto con el meretricio sería constante, no solo por trabajar al lado de algunos prostíbulos, sino también por varios reportajes que realizó sobre los prostíbulos de carretera por España: “De algunos tuve que salir por piernas porque me perseguían los chulos y los cabrones”. Cuando se planteó escribir este libro, sin embargo, supo enseguida que no iba a ser solo un libro sobre la prostitución, sino “un ensayo histórico que trata las conductas de doble moral, la fuga de las vidas oficiales y cómo te buscas otra vida: las queridas, las amantes, las cortesanas, los negocios, los que han ido a esa vida y han negado oficialmente que fueran, los que lo han perseguido y luego eran usuarios”.
“No es solo la historia española”, nos advierte también, “es una historia universal”. Cuándo empezó a prohibirseLa doble moral en torno a la prostitución es un asunto que, para Javier Rioyo, trasciende épocas y culturas. En la Antigüedad, ora en la civilización romana (donde los burdeles estaban regulados), ora en la fenicia o la árabe, era un oficio que estaba muy presente en la vida pública y, en ocasiones, también valorado, como en el caso de las mujeres chinas, de las que existió incluso una antología poética.
Qué dicen los expertos
El autor destaca que la marginalidad de la prostitución aparece cuando las sociedades, bajo el influjo de religiones como el catolicismo ortodoxo, inician procesos de prohibición y persecución. Hasta entonces, señala, “había sido casi un uso social, un rito de paso y un oficio denigrado, pero aceptado y conocido por todos”. En Burdeles, picaderos y lupanares figuran, pues, varios nombres conocidos por “comprar favores” a las cortesanas.
Preguntado por cuál considera el mayor putero de la historia de España, Rioyo duda: “Ahí compiten muchos”, pero enseguida va a los reyes por ser “los que más sorprenden”, como Fernando VII y Felipe IV, “gente con dinero y poder que hicieron de eso un arte”. Más o menos visible, pero siempre presenteMadrid ocupa un lugar central en la historia del meretricio, aunque Javier Rioyo aclara que la capitalidad de la prostitución ha sido compartida en distintas épocas. “En Madrid, como era la corte y era la ciudad donde se reunían más pícaros y buscavidas, pues tenía mucho negocio el prostíbulo”.
Aun así, señala que “Barcelona, el barrio chino y el puerto, fue y es todavía, ahora menos, uno de los sitios de ese negocio singular durante mucho tiempo”. Valencia, con su famosa mancebía en el Siglo de Oro, también destaca: “Tuvo el gran prostíbulo de España. Tenía una especie de entorno cerrado, protegido, y una pequeña ciudadela de prostitución”.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





