
A 50 años de la “masacre de Palomitas”: once detenidos sacados de la cárcel en la oscuridad y ejecutados en un falso enfrentamiento
Habían pasado poco más de cien días del golpe cívico militar que derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón y el plan sistemático de represión ilegal implementado por la dictadura marchaba a...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Habían pasado poco más de cien días del golpe cívico militar que derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón y el plan sistemático de represión ilegal implementado por la dictadura marchaba a todo vapor cuando la mañana del 6 de julio de 1976 Braulio Pérez, director del penal de Villa Las Rosas, en la provincia de Salta, fue convocado al despacho del jefe de la guarnición militar, coronel Carlos Alberto Mulhall, para recibir una orden directa. El militar le dijo que esa tarde se realizaría un traslado de presos, sin aclararle la cantidad ni la identidad de los trasladados. Simplemente le ordenó que siguiera las instrucciones del oficial a cargo del operativo.
Julio de 1976 fue un mes clave en la aceleración y la profundización de la escalada de exterminio de la disidencia política, social y gremial. Dos días antes de que el coronel Mulhall citara a Braulio Pérez, un grupo de tareas había irrumpido en la Iglesia de San Patricio, en el barrio porteño de Belgrano, y ejecutado a balazos a tres curas y dos seminaristas relacionados con el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Esa masacre, que en ese momento se intentó hacer pasar como una “operación perpetrada por elementos subversivos”, fue en realidad un pretendido acto de venganza por un atentado con explosivos realizado el 2 de julio en el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, con un saldo de 23 muertos.
Los detalles
Por entonces, el jefe de la Policía Federal, general Arturo Corbetta, se negaba a que la fuerza se sumara a la represión ilegal y pretendía que actuara “con el Código Penal en la mano”. Después de la masacre de los curas palotinos, no solo se mantuvo en esa postura, sino que desplazó a dos jefes policiales sospechados de haber liberado la zona para que el grupo de tareas pudiera actuar sin ser molestado. Luego de eso, Corbetta fue desplazado y reemplazado por el general Edmundo Ojeda, dispuesto a actuar sin poner ningún reparo.
El “traslado” de presos del penal de Villa Las Rosas se produjo el mismo día de ese reemplazo y no demoró en ser leído como otra represalia por el atentado contra la Superintendencia de Seguridad Federal. Once condenadosEran las 19. 45 del 6 de julio y hacía rato que había oscurecido cuando llegó al penal un grupo de militares al mando del capitán Hugo Espeche, que le entregó a Pérez una orden escrita y la lista de los detenidos que debía trasladar.
Era evidente que los uniformados eran oficiales del Ejército, pero no llevaban insignias que permitieran determinar sus grados. En cuanto a quiénes eran, salvo en el caso de Espeche era imposible saberlo, porque se llamaban entre sí por apodos, una de las tantas medidas con las que intentaban mantener ocultas sus identidades los grupos de tareas encargados de la represión ilegal. Pese a que no llevaba insignias en el uniforme, quedaba claro que Espeche era el encargado de dar las órdenes a todos, incluido el director de la cárcel.
Qué dicen los expertos
A Pérez le dijo que debía sacar de sus puestos a todos los penitenciarios encargados de controlar el acceso al penal, con la excepción de los guardias de los muros; también debía apagar todas las luces del lugar, salvo las del pabellón donde estaban los presos que iban a ser trasladados. Dicho esto le dio una lista con once nombres, los de los hombres y las mujeres que se llevaría: Celia Raquel Leonard de Ávila, Evangelina Botta de Nicolai, María Amaru Luque de Usinger, María del Carmen Alonso de Fernández, Georgina Graciela Droz, Benjamín Leonardo Ávila, Pablo Ouetes Saravia, José Ricardo Povolo, Roberto Luis Oglietti, Rodolfo Pedro Ussinger, y Alberto Simón Zavarnsky. Minutos después los sacaron de las celdas, uno detrás del otro, con solo la ropa que llevaban puesta.
A Celia Leonard de Ávila le quitaron el hijo de meses que tenía en sus brazos y se lo entregaron a su hermana Nora, que también estaba presa en el penal. En medio de la oscuridad, los empujaron por los pasillos hasta el patio, donde los subieron a un camión que ya estaba con el motor en marcha. El camión cargado de presos salió del penal y se sumergió en las tinieblas rumbo al lugar elegido para terminar el operativo, que distaba de ser un simple traslado desde una cárcel a otra.
Ejecuciones a sangre fríaAl mismo tiempo que el grupo al mando del capitán Espeche sacaba a los presos del penal de Villa Las Rosas, a pocos kilómetros de ahí un grupo de uniformados realizaba un control de vehículos en la ruta que une la localidad de Güemes con la capital provincial. En realidad, necesitaban robar autos para montar una escena que les permitiera encubrir un asesinato en masa a sangre fría. Eligieron los autos casi al azar.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





