
'Adamuz, el último tren', el testimonio de resistencia de una superviviente
Natalia R os OrelogioHuelva, 14 jun (EFE).- Elena Frag o es una joven onubense de 28 a os que vio c mo su vida se part a en dos el 18 de enero de este a o. Esta licenciada en Criminolog a es una superviviente del...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Natalia R os OrelogioHuelva, 14 jun (EFE). - Elena Frag o es una joven onubense de 28 a os que vio c mo su vida se part a en dos el 18 de enero de este a o. Esta licenciada en Criminolog a es una superviviente del accidente ferroviario que cost la vida a 42 personas y ahora acaba de publicar 'Adamuz, el ltimo tren' (Editorial Niebla), un testimonio de resistencia y reconstrucci n.
En una entrevista con EFE, Elena Frag o cuenta que el accidente de Adamuz (C rdoba) sigue sonando en su cabeza en forma de gritos, de tel fonos m viles que no dejan de sonar y de una presi n constante que todav a la despierta sobresaltada. Elena volv a de Madrid a Huelva tras presentarse a unas oposiciones a funcionaria de prisiones, el sue o que hab a perseguido durante mucho tiempo. Hoy sabe que las secuelas f sicas que le ha dejado el accidente le impedir n ejercer esa profesi n.
Los detalles
El libro naci como un intento de ordenar los recuerdos que la desbordaban durante los 103 d as que pas inmovilizada en una cama y, aunque empez a escribirlo como un diario, luego vio que "aquello pod a llegar m s lejos". Atrapada en el vag n 1La joven, que viajaba en el vag n 1 del Alvia que cay a un terrapl n tras chocar con un tren de alta velocidad, permaneci atrapada en el interior durante una hora y media. "No ve a nada, la oscuridad era absoluta", rememora.
Tampoco escuchaba con claridad. El impacto le hab a perforado el t mpano y un pitido constante dominaba cualquier otro sonido. "Intentaba ubicarme tocando todo lo que ten a alrededor -relata- pero solo encontraba hierro y cristal".
Comenz a percatarse de las m ltiples heridas que sufr a, sent a correr la sangre por el rostro y las piernas y algo m s dif cil de describir: "el miedo a morir". Entonces, una chica la agarr y le pregunt si estaba viva, y ah fue cuando Elena dej de pensar que era un sue o: aquel primer contacto "nos sirvi a las dos, dejamos de sentirnos solas". Tambi n recuerda c mo muchos pasajeros "corr an hacia el caos" para intentar ayudar y c mo, al ver a un compa ero de academia iluminado por una linterna tras una hora y media de oscuridad absoluta, grit su nombre.
Qué dicen los expertos
Fue arrastrada fuera del vag n, pero sus piernas ya no respond an. Desde el exterior observ c mo improvisaban camillas utilizando los asientos arrancados del tren para trasladar a los heridos. Ahora, muestra su admiraci n hacia esas personas porque "en medio de todo aquello todav a eran capaces de pensar c mo ayudar a los dem s".
Tambi n recuerda a un hombre con un chaquet n amarillo que le prest su tel fono m vil para llamar a sus padres y decirles algo fundamental: que segu a viva. Tras horas de carretera desde Huelva, su padre consigui llegar a la camilla en la que era evacuada al hospital, pero no logr reconocerla porque ten a el rostro cubierto de sangre, inflamado por los golpes y estaba cubierta con mantas t rmicas. "F tima, no es Elena", lleg a decirle su padre a su madre.
Elena ha perdido un 40 % de audici n en ambos o dos de forma irreversible. Adem s, lleva varios tornillos y clavos en la pelvis y el sacro que condicionar n su movilidad futura. La cicatriz que atraviesa su rostro, de nueve cent metros, constituye otra de las heridas m s visibles.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





