
“And if yes”... de los gritos al silencio que enmudeció al Estadio Azteca: crónica del adiós de México en el Mundial
“Es para lo que nos alcanza, güey, es lo que somos y es un golpe de realidad”, “México no pasa del nueve en el ranking”, era lo que se comentaba en los pasillos de una prensa voraz que ansiaba frenar la enloquecida...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. “Es para lo que nos alcanza, güey, es lo que somos y es un golpe de realidad”, “México no pasa del nueve en el ranking”, era lo que se comentaba en los pasillos de una prensa voraz que ansiaba frenar la enloquecida ilusión del “¿Y si, sí? “, esas opiniones con tintes de analista se convirtieron en la frase de toda mamá mexicana que intentó advertir a su hijo de un accidente: te lo dije. La lluvia una vez más quería robar protagonismo en el Estadio Azteca, ni el dios Tláloc quería perderse las emociones que se avecinaban en el juego de octavos de final de la Copa Mundial 2026, apenas eran las 14:30 horas cuando los relámpagos empezaron con su orquesta en los cielos grises y “patitas para que las quiero”, hasta el Pato Merlín tuvo que frenar su actuación en televisión para resguardarse de la lluvia.
The rain, o mejor dicho la lluvia, no detuvo el entusiasmo del público tricolor e inglés, ambos están familiarizado con los días sin sol, pero en una tarde donde la localía tenía que pesar, era importante recordarles que ellos vienen desde allá, donde no sale el sol, donde no hay calor, donde la sangre nunca se sacrificó por un amor. Y que mejor manera de demostrar que esto es México que con baile, mientras se esperaba el inicio del juego, el Dj del Coloso de Santa Úrsula se la jugó en la tribuna con las canciones para entretener a los fans, no pidía faltar los Hechizeros Band con El Sonidito “Un, dos, tres cuatro” y … el Azteca se puso a brincar, la catedral del futbol se zangoloteó, no, no era un microsismo o probablemente lo fue, pero la energía que salió de 80 mil 824 personas brincando al mismo tiempo liberó la energía suficiente para que el gigante de concreto se moviera y todos a su interior también. No sabía de tristezas, ni de lágrimas...
Los detalles
hasta que te conocí La composición de Alberto Aguilera Valadez revivió una vez más a Juan Gabriel en su concierto en Bellas Artes, las voces del Estadio Ciudad de México retumbaron con: “Pero desgraciadamente, era una noche como esta... cuándo te encontré” como un predicamento del sufrimiento que se avecinaba para la afición. Depeche Mode apareció y aunque los abucheos intentaron apagar las voces inglesas, los miles de jerseys blancos entre una oleada verde alcanzaron a entonar All i ever wanted, all i ever needed is here in my arms, words are very unnecessary, they can only do harm.
Lo mismo pasó con Oasis, Blur e incluso con Harry Styles. Los decibeles no bajaban en la tribuna en los 60 minutos de atrasos por tormenta eléctrica, y El Tri —la banda de rock que se pelea con la selección por el nombre— también entró al juego: Ella existió, solo en un sueño... en la eternidad los dos unieron sus almas para darle vida a esta triste canción de amor.
De repente, la música paró y aunque ya sonaba la despedida adelantada con El último viernes de Espinoza Paz, a escena entró otro personaje. Dambo Drums dancers, agrupación de bailarines con rostros pintados y coloridos atuendos salieron a ambientar el partido, la reacción provocó un retumbante “¡Dale México, dale, dale oh! ” y es que, según los parámetros del estadio que mostraron en pantallas, los cánticos mexicanos llegaron a medir 49 decibeles (dB) mientras que los visitantes apenas rebasaron los 30 dB, pero no estaban lejos de superar al local.
Qué dicen los expertos
Don’t take me home, Javier Aguirre Entre el “óle, óle” y el “eeh p*to” los locales dejaron sordos a los ingleses los primeros minutos. Fue en cuestión de segundos para que los ingleses cometieran el primer error que les condicionó su juego con una tarjeta amarilla para Declan Rice. Los gritos empezaron a ecualizarse como olla exprés a punto de ebullición, y esa energía contenida era el nerviosismo que ya quería festejar un gol.
El remate de Raúl Jiménez, y que Pickford detuvo, hizo palidecer a unos cuantos. Así que para la pausa de hidratación ambas aficiones se unieron en el canto de Mr. ” hasta bromeaban con la traducción mexicanizada “¿and if yes?
“ para poner en sintonía al rival del sentido de la frase, pero en el minuto 35 y 37 cayeron los goles que enmudecieron al Coloso de Santa Úrsula, cuando la afición empezaba con su “¡México, México, México! ”, Jude Bellingham cambió de narrativa al “Sí se puede”. Las banderas que se agitaban en la tribuna poco a poco se fueron escondiendo, lo que por un instante fue un paisaje tricolor se tornó a un ambiente gris.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





