
De la Villa 31 al mejor bar de Sudamérica: cómo un proyecto gastronómico generó nuevas oportunidades para jóvenes
Hace apenas unos años, Romina López no imaginaba que algún día estaría al frente de uno de los bares más reconocidos del mundo. Su vida transcurría íntegramente en el barrio Padre Mugica, donde trabajaba trasladando...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hace apenas unos años, Romina López no imaginaba que algún día estaría al frente de uno de los bares más reconocidos del mundo. Su vida transcurría íntegramente en el barrio Padre Mugica, donde trabajaba trasladando chicos a la escuela. Hoy es encargada de Tres Monos, elegido como el mejor bar de Sudamérica y ubicado en el décimo puesto del ranking The World’s 50 Best Bars 2025.
Entre un punto y otro hubo una decisión que cambió su recorrido: anotarse en La Escuelita, un proyecto de formación gastronómica que desde 2021 ya capacitó a cientos de vecinos y abrió nuevas oportunidades laborales dentro y fuera del barrio. La historia de Romina fue uno de los ejes de la charla que compartió junto a Sebastián Atienza, cofundador de Tres Monos, en Infobae a la Tarde. Allí repasaron cómo una iniciativa que nació con fines educativos terminó convirtiéndose en una herramienta concreta de inclusión social, con más de 800 inscriptos, alrededor de 150 egresados y 56 personas incorporadas al mercado laboral.
Los detalles
La idea de crear una escuela, en realidad, es anterior al desembarco en el barrio 31. Atienza recordó que, cuando Tres Monos abrió sus puertas en 2019, el equipo ya imaginaba un espacio para compartir conocimientos. Durante la pandemia, ese proyecto continuó de manera virtual y permitió sostener parte de la actividad del bar.
El verdadero punto de partida llegó dos años después, cuando referentes del Centro de Desarrollo Emprendedor y Laboral (CDEL) del barrio los convocaron para brindar capacitaciones. “Fuimos a investigar un poco y empecé a dar cursos ahí. Había talleres para diez personas y se anotaban 120 o 150.
Ahí entendimos que existía un interés enorme y decidimos arrancar”, recordó. Lo que comenzó con clases de coctelería fue creciendo hasta sumar cursos de cocina, barismo y otras disciplinas vinculadas a la gastronomía. Pero el objetivo nunca fue solamente enseñar un oficio.
Qué dicen los expertos
La propuesta buscó generar un puente entre el talento que ya existía en el barrio y un mercado laboral que muchas veces resulta lejano. “El barrio tiene una identidad gastronómica muy fuerte por la influencia de las comunidades boliviana, paraguaya, peruana y también del interior de la Argentina. Nosotros no fuimos a enseñar gastronomía desde cero; fuimos a profesionalizar un talento que ya estaba”, explicó Atienza.
Romina llegó a uno de esos cursos sin imaginar que terminaría construyendo una carrera dentro del rubro. “Buscaba una salida laboral, pero también hacer algo distinto. Nunca pensé que iba a trabajar en gastronomía; simplemente aproveché la oportunidad cuando apareció”, recordó.
El cambio fue mucho más profundo que conseguir un empleo. También implicó salir, por primera vez, de un universo que hasta entonces parecía tener límites muy definidos. “Mi mundo era el barrio.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




