El calor extremo desvela una Europa inadaptada al cambio climático
El calor extremo desvela una Europa inadaptada al cambio climáticoCanícula en mayoLos impactos en la salud y las pérdidas económicas, entre los efectos más temidosUna persona se protege del sol ante la torre Eiffel el...
Surgen avances clave en el escenario mundial. El calor extremo desvela una Europa inadaptada al cambio climáticoCanícula en mayoLos impactos en la salud y las pérdidas económicas, entre los efectos más temidosUna persona se protege del sol ante la torre Eiffel el 28 de mayo, cuando se registró una gran ola de calor en buena parte de Europa SIMON WOHLFAHRT / Eusebi Val/ Rafael Ramos María-Paz López/ Francesco Olivo Gonzalo AragonésParís/Londres/Berlín/Roma/Moscú 31/05/2026 06:00 El estancamiento de una masa de aire caliente ha situado esta semana las temperaturas en niveles alarmantemente altos en amplias regiones del sudoeste de Europa. La canícula ha llegado en pleno mes de mayo a Francia, donde se debate la conveniencia de poner nombre a las olas de calor, todo un reconocimiento de la necesidad de dotarse de mejores herramientas para prevenir los efectos del calor extremo, cuyos episodios serán más frecuentes, intensos y duraderos, según los climatólogos. Europa está mejor preparada que otras regiones del mundo, pero muestra importantes carencias en la adaptación al cambio climático.
Como resultado de esta alteración de la vida cotidiana, surge la necesidad de mejorar la salud laboral y tomar medidas para afrontar los riesgos de pérdidas económicas y de productividad. FranciaEl deber de las empresas de proteger la salud del trabajadorUna mujer se refresca en una fuente de París esta semana Tom Nicholson/ ReutersEl calor excita aún más los ánimos políticos en una Francia polarizada y con elecciones en menos de un año. Eso explica algunos rifirrafes estos días en tertulias televisivas sobre la legislación laboral en periodos de canícula o la inversión insuficiente para climatizar las escuelas frente a unas tórridas temperaturas cada vez más frecuentes.
Los detalles
El Gobierno se ha defendido diciendo que, según un decreto que entró en vigor en julio del año pasado, el Código de Trabajo no solo obliga a “preservar la salud de los empleados”, sino que especifica que en fases de calor extremo se está obligado a “adaptar horarios”, “suspender tareas pesadas”, “ajustar periodos de reposo” en zonas frescas, “proveer equipos protectores” adecuados y suministrar agua. No se fija, sin embargo, un umbral máximo de temperatura a partir de la cual, en sectores como la construcción u otras actividades a pleno sol o en entornos muy calientes, debe ser obligatorio parar de trabajar. Algunos sindicatos, como la CGT, y partidos políticos de izquierda, como La Francia Insumisa (LFI), quieren incorporar ese límite en la legislación, y ahí surgen opiniones diversas porque en cada zona del país existe un tope diferente de tolerancia.
No tienen la misma adaptación cultural al calor los marselleses que los habitantes de Brest, en Bretaña, por ejemplo. Además del decreto específico sobre el calor, el empleado francés puede agarrarse, en caso de necesidad, a otro principio general del Código del Trabajo que está plenamente en vigor: el llamado “derecho de retirada”.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





