
El consumo bate récords, pero no se siente como un boom
Hay una aparente contradicción en el corazón de la economía argentina que vale la pena desentrañar. Según las Cuentas Nacionales del primer trimestre, el consumo privado no solo sigue creciendo, sino que superó el...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hay una aparente contradicción en el corazón de la economía argentina que vale la pena desentrañar. Según las Cuentas Nacionales del primer trimestre, el consumo privado no solo sigue creciendo, sino que superó el récord previo alcanzado a fines de 2017 y acumuló una mejora superior al 10% desde el inicio de la actual gestión. El producto, por su parte, encadenó siete trimestres consecutivos de avance y tocó un nuevo máximo.
Los datos agregados, en definitiva, describen una economía en recuperación. Y sin embargo, en la calle esa mejora no se percibe como un boom. La pregunta que ordena todo el análisis es por qué existe esa brecha entre lo que dicen las estadísticas y lo que siente la gente.
Los detalles
Para responder conviene partir de una identidad económica sencilla. El producto de una economía equivale a su demanda agregada, que se compone del consumo privado, la inversión, el gasto público y las exportaciones netas, es decir, las exportaciones menos las importaciones. Dado que el sector público argentino se encuentra hoy prácticamente en equilibrio, podemos dejarlo momentáneamente de lado y concentrarnos en los demás componentes.
El punto clave aparece cuando desagregamos el consumo privado, porque no todo lo que consumen los argentinos se produce dentro del país. El consumo privado puede dividirse en tres partes. Por un lado, el consumo de bienes y servicios producidos localmente.
Por otro, el consumo de bienes importados. Y finalmente, el consumo de servicios adquiridos en el exterior por residentes argentinos, una categoría que incluye los viajes, el turismo y los gastos con tarjeta fuera del país. La conclusión que se desprende de esta descomposición es determinante.
Qué dicen los expertos
Cuanto mayor sea el gasto en bienes importados y en servicios del exterior, menor será la porción del consumo que se destina a lo que se produce dentro de las fronteras, que es justamente lo que sostiene el empleo y la actividad local. Conviene tener presente que alrededor del 70% del gasto de los residentes argentinos se dirige a bienes y servicios producidos localmente, de modo que los cambios en el 30% restante tienen un efecto amplificado sobre el entramado productivo. Aquí aparece la primera razón de la brecha.
La mayor apertura de la economía, que es una corrección necesaria luego de años de cierre, combinada con un tipo de cambio real apreciado, estimula el gasto en bienes y servicios del exterior y reduce la demanda dirigida a la producción nacional. Los datos son elocuentes en este sentido. Mientras el consumo privado total superó su pico previo, algunos rubros específicos se dispararon muy por encima de ese promedio.
El turismo emisivo, es decir el gasto de los argentinos que viajan al exterior, se ubica más de un 23% por encima del récord anterior, y las cantidades importadas de bienes de consumo treparon alrededor de un 78%. En otras palabras, una parte sustancial de la mejora del consumo se está filtrando hacia afuera del país. Ese fenómeno tiene una contracara en el tejido productivo local.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





