
El día que la Estatua de la Libertad fue inaugurada en París antes de ser llevada a Estados Unidos como regalo del Gobierno francés
El viernes 4 de julio de 1884 los vecinos de París asistieron a una curiosa ceremonia en la rue de Chazelles, en el Distrito XVII de la ciudad, de la que participó como invitado especial el embajador estadounidense en...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El viernes 4 de julio de 1884 los vecinos de París asistieron a una curiosa ceremonia en la rue de Chazelles, en el Distrito XVII de la ciudad, de la que participó como invitado especial el embajador estadounidense en Francia, Levi P. Se cumplían 108 años de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos y el Gobierno francés lo celebraba con la inauguración de un monumento que tendría una presencia efímera en su capital antes de ser trasladado a su emplazamiento definitivo en Nueva York: la Estatua de la Libertad. La Torre Eiffel aún no había sido construida y con sus 46,05 metros de altura desde sus pies hasta la punta de la antorcha, la enorme figura de bronce sería por poco tiempo el monumento más alto de París.
Se trataba, en realidad, de un regalo en nombre de la hermandad de dos pueblos que habían luchado por la libertad que simbolizaba la imagen y que transmitía la épica de la Revolución Francesa y de la lucha por la Independencia estadounidense. Pero así como la figura irradiaba una épica, su propia historia —la de su construcción y su emplazamiento— podía definirse como una larga epopeya de más de una década con batallas contra obstáculos de todo tipo. El proyecto había sido lanzado en 1866 por el abogado y político francés Édouard de Laboulaye, quien le encargó la tarea al joven escultor alsaciano Frédéric Auguste Bartholdi, pero había quedado suspendido en 1870, cuando Alsacia se perdió en la guerra franco-prusiana y solo fue retomado en 1873 por impulso del presidente Adolphe Thiers.
Los detalles
El proceso que llevó el proyecto a su concreción también fue largo y accidentado, con dificultades económicas, problemas financieros, cuestiones técnicas y una complicada logística que más de una vez hicieron pensar que esa idea luminosa terminaría aplastada por la oscuridad de un fracaso. Habían pasado casi doce años hasta llegar a esa primera y provisoria inauguración. La idea de LaboulayePara 1870, Los Estados Unidos estaban en pleno proceso de reconstrucción después de la guerra civil que había desangrado al país entre 1861 y 1865 y, al mismo tiempo se preparaba para los festejos del centenario de la Independencia, declarada el 4 de julio de 1776.
Fue en ese contexto que Laboulaye propuso que su país le enviara un regalo a la nación americana para simbolizar la amistad entre ambos países y la lucha conjunta que sostuvieron contra la corona británica en la guerra de independencia. Para diseñar la estatua, el político francés decidió convocar a su amigo Bartholdi, que no dudó en aceptar el encargo que le sonó como una revancha para su carrera porque venía de sufrir una frustración por el rechazo del gobernador de Egipto, Isma’il Pasha, a su propuesta de levantar un monumento equiparable al Coloso de Rodas, al que pretendía llamar “Egipto lleva la luz a Asia”. Así, el encargo de Laboulaye le dio otra oportunidad a Bartholdi, que además recuperó algunas de las ideas que tenía sobre la estatua egipcia y las volcó en el nuevo proyecto.
Para concretarlo pidió la colaboración de Eugene-Emmanuel Viollet-le-Duc, a quien le pidió el diseño de una estructura de hierro y acero que pudiera sostener la estatua. Allí se presentó el primer obstáculo, porque Viollet-le-Duc falleció repentinamente y debió ser reemplazado por otro ingeniero, Alexandre-Gustave Eiffel, el mismo que años después diseñaría otro monumento que se convirtió en el rasgo distintivo de París, la torre que lleva su nombre. También corrían tiempos difíciles en Francia, embarcada en la guerra con Prusia y con la conquista de Alsacia, la región de la que provenía Bartholdi, por el imperio alemán.
Qué dicen los expertos
Ese conflicto había despertado entre los franceses un fuerte sentimiento antiestadounidense, debido a la cercanía de Washington con los alemanes. Además, la Tercera República distaba de estabilizarse en medio de un clima político donde no pocos franceses añoraban la monarquía. Sin embargo, a pesar de todas esas dificultades, Laboulaye y Bartholdi decidieron seguir adelante con el proyecto y, en 1871, el político francés se reunió con el entonces presidente estadounidense, Ulysses S.
Grant, para ofrecerle la estatua y sugerirle un lugar de emplazamiento, la isla de Bedloe, frente a Nueva York. Pero, más allá de los problemas políticos, la construcción de la estatua también significaba un inmenso desafío económico y logístico. El enigma del rostroLa estatua pensada por Bartholdi representaba a Libertas, la diosa romana de la libertad y equivalente a la deidad griega Eleuteria.
Decidió bautizarla “La libertad iluminando al mundo”. Muchos de sus elementos ya estaban en la cabeza del artista desde que había realizado el diseño de la frustrada estatua egipcia. El escultor nunca reveló cuál fue su inspiración para elegir el rostro de la estatua, aunque una de las versiones más consistentes dice que quiso reflejar la cara de su propia madre.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





