
El desafío de transformar el potencial científico-tecnológico en bienestar
Hoy parece casi arqueológico recordar que, hasta hace apenas treinta años, la información era un bien escaso. Quienes trabajábamos en ciencia y tecnología podíamos pasar días enteros en una biblioteca siguiendo el...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Hoy parece casi arqueológico recordar que, hasta hace apenas treinta años, la información era un bien escaso. Quienes trabajábamos en ciencia y tecnología podíamos pasar días enteros en una biblioteca siguiendo el rastro de un dato, o celebrando el hallazgo de una fuente confiable como si hubiéramos encontrado petróleo en el subsuelo de la Facultad. Para las nuevas generaciones eso resulta difícil de imaginar.
Ivo, mi hijo menor, llegó a preguntarme una vez si cuando yo era chico existían las aceitunas. La pregunta era graciosa, pero también bastante precisa: para quienes nacieron en un mundo donde todo parece estar disponible en el acto, el pasado reciente puede sonar más lejano que la Edad Media. Ese cambio brutal en el acceso a la información modificó por completo la forma de investigar, innovar y tomar decisiones.
Los detalles
Antes el problema era encontrar información. Hoy el problema es validarla, ordenarla, interpretarla y convertirla en conocimiento útil. Allí empieza, en buena medida, el trabajo de la inteligencia estratégica aplicada a la gestión de la innovación.
El científico suele mirar la profundidad del problema. El empresario, la urgencia del mercado. El inversor, el riesgo.
El Estado, el impacto público. La universidad, la misión institucional. En el medio de esas miradas aparece la vinculación tecnológica, que durante años fue tratada como una zona de buena voluntad, casi como un arte de la paciencia.
Qué dicen los expertos
Pero también es una disciplina profesional, los vinculadores tecnológicos somos traductores entre el mundo de los negocios y el mundo de la ciencia. Jorge Sábato lo vio con enorme claridad cuando propuso su conocido triángulo entre Estado, sistema científico-tecnológico y sector productivo. Ese modelo sigue siendo una referencia muy valiosa del pensamiento tecnológico argentino.
Tanto es así que cada 4 de junio celebramos el Día Nacional de la Vinculación Tecnológica en homenaje a su nacimiento. Sábato nos dejó una idea poderosa: el desarrollo requiere articulación. Hoy, en pleno siglo XXI, aceptamos que ese modelo quedó en la historia como un valioso antecedente.
El mundo avanzó y la gestión de la innovación sufrió una evolución metodológica radical, plasmada en los nuevos estándares internacionales de la familia de normas ISO 56000. Porque en la gestión moderna, el voluntarismo ya no alcanza; se necesitan procesos repetibles, colaborativos y profesionales basados en evidencia para tomar decisiones inteligentes que impacten positivamente en la sociedad. Así, la palabra “innovar”, hoy tan utilizada, encierra una noción profundamente ética y humana: es la capacidad de generar y redistribuir valor real a partir de las creaciones de las personas.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





