
El genio de la ingeniería al que la “prioridad nacional” convirtió en uno de los criminales más buscados del país: “Solo quería ver si era mejor que los bancos”
Puede que, a día de hoy, el nombre de Jan Bojarski (1912-2003) no sea muy conocido, pero hace sesenta años su nombre apareció en los medios de comunicación más importantes del mundo. Lo llamaban el “Cézanne de la...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Puede que, a día de hoy, el nombre de Jan Bojarski (1912-2003) no sea muy conocido, pero hace sesenta años su nombre apareció en los medios de comunicación más importantes del mundo. Lo llamaban el “Cézanne de la falsificación” y había sido el hombre que, durante más de una década, había creado copias casi indistinguibles de los billetes distribuidos por el Banco de Francia sin que la policía pudiera hacer nada para detenerle. Polaco de nacimiento, graduado en ingeniería civil y arquitectura y con un gran don para la invención (diseñó modelos de cápsulas de café, sillas giratorias y hasta un precursor de los bolígrafos BIC mucho antes de que cualquiera de estos productos llegaran al mercado), este hombre acabó en Francia tras la Segunda Guerra Mundial, pero las políticas proteccionistas de la época impidieron que pudiera ganarse bien la vida.
Por este motivo, acabaría compaginando una vida normal con otra marcada por los billetes que él mismo fabricaba con papel de fumar. “Mi objetivo no era estafar”, diría mucho tiempo después. “Solo quería ver si yo era mejor que los bancos”.
Los detalles
Ahora, su historia llega en forma de película gracias a La copia perfecta, un biopic criminal dirigido por Jean-Paul Salomé. El director cuenta en una entrevista con Infobae que no conocía a Bojarski, pero que, tan pronto como supo de su figura “borrada por la historia”, comprobó lo alucinante que era: “No era un delincuente al uso: era un hombre muy enamorado de su mujer, con una vida familiar muy rica, y el contraste entre esas dos caras. Eso me interesó mucho y me empujó a hacer una película“.
“Francia solo acepta a los inmigrantes para hacer trabajos muy específicos”El Bojarski que llegó a Francia tras la guerra quería ser inventor. Presentó varias patentes de inventos que no le permitieron registrar por no ser francés, y por esta misma razón, tampoco pudo conseguir trabajos dignos acordes a su formación. El concepto de “prioridad nacional” (que ahora vuelve a estar vigente) llegaría décadas más tarde de la mano de la ultraderecha, pero lo cierto es que el gobierno francés posterior a la Segunda Guerra Mundial implementó decretos muy estrictos para proteger el empleo de los franceses, y tanto los extranjeros como los refugiados políticos encontraban enormes trabas burocráticas para ejercer profesiones reguladas.
Esto contrasta con la imagen de una Francia abierta a la inmigración, pero para Salomé, la historia de Bojarski demuestra cómo Francia “acepta a los inmigrantes para hacer trabajos muy específicos”, que los sitúan en el escalafón más bajo de la economía. “Cuando se trata de otra categoría, como puede ser ingeniero, la cosa cambia. En la Francia de esa época no le reconocieron sus diplomas, y en parte sigue siendo así hoy en día”.
Qué dicen los expertos
El cineasta destaca cómo este rechazo marcó profundamente a un hombre que solo quería “una casa cómoda, un buen coche y vivir como hubiera vivido un ingeniero”, además de que se reconociera su talento. Esta situación fue la que le llevó a convertirse en falsificador, pero después hubo algo más: una pizca de ego que provocó que no dejara de delinquir incluso cuando llegó a tener el dinero suficiente para su familia. “Empezó a tener la sensación de que creaba como un artista”, comenta Salomé.
Todos los medios hablaban de él y su trabajo, de unas copias de las que se decía, incluso, que eran mejores que los billetes originales. Además, la policía no lo atrapaba porque era tal la cantidad de trabajo que implicaba falsificar dinero y moverlo como él lo hacía que se creían que había todo un equipo detrás, cuando en realidad eran solo un hombre y su inteligencia. Hasta dónde llega el egoísmo de los artistasLa copia perfecta contó con el testimonio de alguien que vivió muy de cerca la historia de Jan Bojarski: su propia hija Anne.
“Me dijo que su padre estaría realmente feliz de tener una película que hablara sobre él, porque tras su detención (ocurrida en 1964) cayó completamente en el olvido. Nadie sabía quién era, y gracias a esta producción se ha vuelto a recuperar al personaje”, cuenta el director. Sin embargo, esta versión familiar de la historia muestra también el lado más oscuro del personaje.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





