
El intercambio de Cabrero Segundo
Todo en esta historia acaba por volver al Cabra. Todo acaba por llegar a él, Cabrero Segundo, el “famoso lacandón”, el patrón, un hombre mediano, de metro 65, tez morena, con su pancita, su barba y bigote de candado, y...
Surgen avances clave en el escenario mundial. Todo en esta historia acaba por volver al Cabra. Todo acaba por llegar a él, Cabrero Segundo, el “famoso lacandón”, el patrón, un hombre mediano, de metro 65, tez morena, con su pancita, su barba y bigote de candado, y los tatuajes: una cruz en el hombro izquierdo y un jaguar en el derecho.
En la película que mandó hacer de su vida, eligió a un actor lleno de músculos que le sacaba 21 centímetros. En el apogeo de su poder, construyó una pista de aterrizaje clandestina para recibir cargamentos de droga a dos minutos de su casa.
Aquella noche en que secuestró a 33 militares, los desarmó y desnudó –nadie olvida aquello en la selva–, pasó las últimas horas de la madrugada esnifando cocaína, delante de ellos, con un billete. El Cabra, un tipo con ambición.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





