
Ellas eligen el vino: las sumilleres que marcan el ritmo de la sala
EnologíaEllas eligen el vino: las sumilleres que marcan el ritmo de la salaDesde cinco restaurantes de alta cocina, estas cinco sommeliers recorren con criterio y oficio el camino que va del viñedo a la copa, eligiendo,...
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. EnologíaEllas eligen el vino: las sumilleres que marcan el ritmo de la salaDesde cinco restaurantes de alta cocina, estas cinco sommeliers recorren con criterio y oficio el camino que va del viñedo a la copa, eligiendo, explicando y acompañando los vinos en un sector que cada vez es más exigente y abierto Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarPatricia García, de Pabú. LARAActualizado Miércoles, 27 mayo 2026 - 00:04En los últimos años, la sumillería ha dejado de ser un territorio hermético para convertirse en una profesión más abierta y diversa. La presencia de mujeres en sala es hoy más visible e influyente, y su trabajo se ha consolidado en restaurantes, bodegas y proyectos de comunicación, conectado siempre con la experiencia del comensal.
Más allá de etiquetas y tendencias, lo que define a estas profesionales es su capacidad para interpretar el vino desde el conocimiento, la sensibilidad y la escucha activa: tres cualidades esenciales en una disciplina que vive entre la técnica y la emoción. Hablar hoy con ellas permite acercarse al sector desde distintos ángulos. Cada una construye su recorrido desde la exigencia diaria, la formación continua y una forma personal de entender el vino como herramienta de servicio y vínculo con el cliente.
Los detalles
Sus trayectorias reflejan una evolución natural del sector, en la que el talento y la profesionalidad pesan más que cualquier otra consideración. Por eso resulta interesante detenerse en sus voces: porque a través de ellas se puede leer no solo el presente de la sumillería, sino también hacia dónde se encamina. PABÚ (MADRID)La sumiller Patricia García.
"El mundo del vino cada vez tiene gente más formada, curiosa, con capacidad de viajar y de conocer regiones. Sin embargo, la sala sufre sus propias complejidades asociadas a la hostelería. De todos los que se forman en sumillería o en algún tipo de curso de vinos, pocos quieren estar en sala", advierte Patricia García, sumiller del restaurante Pabú (1 estrella Michelin), en Madrid.
En su opinión, el cliente ve al sumiller como una persona capaz de amplificar su experiencia en el comedor, un aliado. "En general, hay un lenguaje de respeto y entusiasmo mutuo que permite que el comensal disfrute al máximo y que el sumiller ame su trabajo y se emocione haciendo feliz a otro", dice. Respecto a la presencia de mujeres, García reconoce que el número en sala ha ido aumentando en los últimos 20 años, pero también ve que, llegada una edad o etapa, se adentran más en la formación o la consultoría: "La sala cansa física y mentalmente, pero los que estamos sabemos que hay momentos y aprendizajes increíblemente maravillosos que sólo pueden darse en ella".
Hoy, para ella, "los techos están rotos, podemos llegar a donde queramos; la problemática no es si podemos llegar, sino la conciliación y qué se quiere de la vida".
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





