
Es solo otro disco de los Stones que suena a los Stones, pero nos gusta
Entre Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood suman 242 años de vida. Los tres forman parte, hoy como miembros estables (Jagger y Richards como fundadores, Wood como “una incorporación” con medio siglo de...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Entre Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood suman 242 años de vida. Los tres forman parte, hoy como miembros estables (Jagger y Richards como fundadores, Wood como “una incorporación” con medio siglo de estabilidad), de la banda de rock más longeva en actividad del mundo que, por cierto, acaba de publicar Foreign Tongues, su vigésimo quinto álbum de estudio, grabado en menos de un mes en un estudio del oeste de Londres. La pregunta que flota sobre el disco —y que ninguna reseña termina de responder del todo— no es si es bueno, sino qué significa que exista.
Para entender el peso de esa pregunta, conviene recordar de dónde vienen. Los Rolling Stones se formaron en Londres en 1962 -hace 64 años- con una vocación declaradamente blues: eran cinco jóvenes de los suburbios del sur inglés que querían sonar como Muddy Waters y Chuck Berry, y que encontraron en esa aspiración una identidad tan sólida que todavía los sostiene. Entre 1968 y 1972 produjeron una de las rachas más celebradas de la historia del rock: Beggars Banquet, Let It Bleed, Sticky Fingers y Exile on Main St.
Los detalles
, cuatro álbumes consecutivos que la crítica especializada considera el pico creativo de la banda y, para muchos, de todo el género. , grabado en parte en una villa alquilada en el sur de Francia durante el exilio fiscal de los por entonces revoltosos rockers, ocupa el puesto número 7 en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos de la revista Rolling Stone, y fue el primero en llegar simultáneamente al número 1 en el Reino Unido y los Estados Unidos. Lo que vino después, sin ofender, fue más irregular.
Luego de Some Girls (1978) —que absorbió el punk y la disco de Nueva York con una agilidad que sorprendió a propios y extraños— la banda entró en una zona de turbulencias que incluyó disputas personales, la salida del bajista Bill Wyman en los años 90, y una sucesión de álbumes que la crítica describió con términos que iban de “correctos” a “prescindibles”. Dirty Work (1986) y Voodoo Lounge (1994) son los ejemplos más citados de esa etapa de rendimiento decreciente. La banda siguió siendo el espectáculo en vivo más taquillero del planeta, pero sus discos dejaron de ser eventos culturales para convertirse en productos de catálogo.
Esa trayectoria hace que la última etapa de los Stones sea difícil de encuadrar con los parámetros habituales de la crítica. Hackney Diamonds, lanzado en 2023 tras 18 años sin canciones originales, fue recibido con una mezcla de alivio y genuina sorpresa: sonaba a una banda que había vuelto a encontrar placer en el proceso de grabar. Ganó el Grammy al mejor álbum de rock en 2025 y debutó en el número 3 en los Estados Unidos.
Qué dicen los expertos
Foreign Tongues llega tres años después, producido nuevamente por Andrew Watt, y la pregunta ya no es si los Stones pueden hacer un buen disco a esta edad, sino qué tipo de disco pueden —y quieren— hacer. La respuesta es, en términos generales, la misma que dio su antecesor: un disco que suena a los Stones siendo los Stones, con el blues como eje gravitacional y la sensación de que la música se toca en una habitación real. El productor Andrew Watt, que además de producir obtuvo créditos de composición junto a Jagger y Richards (nada menos), vuelve a funcionar como custodio del sonido de la banda: Richards mezclado a la izquierda, Wood a la derecha, las guitarras en el centro, sin Dust Brothers ni experimentos electrónicos que distraigan.
El álbum fue grabado en menos de un mes, un dato que habla tanto de la eficiencia del trío como de la acumulación de material que quedó fuera de Hackney Diamonds. El disco abre con “Rough and Twisted”, una bocanada de blues que referencia a Muddy Waters desde el primer verso y establece el tono de lo que vendrá. La canción tiene la misma arquitectura de siempre: guitarras que se entrecruzan con calculada aspereza, el ritmo como columna vertebral, y Jagger al frente con una voz que, a los 82 años, se puede calificar tan proyectada y precisa como cuatro décadas atrás.
Esa voz es, en sí misma, uno de los datos más distinguibles de procesar del álbum. Pero hay otros ángulos de análisis. La dimensión política es donde Foreign Tongues se juega su apuesta más arriesgada.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





