
Fingió ser rico para conquistar a una joven escandinava y quedó atrapado en una espiral de deudas, mentiras y desesperación
Hans siempre pensó que la primera impresión lo era todo. Cuando en la fiesta de una amiga de la secundaria apareció una extranjera de 27, que acababa de llegar a la Argentina para visitar a sus padres diplomáticos, no...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Hans siempre pensó que la primera impresión lo era todo. Cuando en la fiesta de una amiga de la secundaria apareció una extranjera de 27, que acababa de llegar a la Argentina para visitar a sus padres diplomáticos, no encontró mejor idea que intentar impactarla con su simpatía, sus chistes y su estilo de vida. La imagen que quería proyectar de sí mismo para conquistar el corazón de esa mujer era la de un hombre de mundo, exitoso, seguro y solvente.
Ese retrato estaba muy lejos de lo que podría ofrecer y lo terminó conduciendo al descalabro absoluto. Crecer con complejosHagamos un poco de historia. Los padres de Hans eran profesionales con una vida de clase media acomodada en la localidad de Martínez, provincia de Buenos Aires.
Los detalles
Tres hijos, buenos trabajos, una camioneta importada, vacaciones cada verano, colegios privados y algunos viajes al exterior. Ambos de origen alemán, hacía dos generaciones que vivían en la Argentina. Hans era el mayor de sus hijos.
Jugaba al fútbol, al tenis, hablaba tres idiomas y prometía a todos que estudiaría Derecho. Fue alrededor de cuarto año del secundario que todo se fue al garete. Su padre perdió el empleo y su madre enfermó y cayó en una seria depresión.
En el colegio tuvieron que pedir paciencia hasta que pudieran pagar las cuotas de los tres hijos. La casa en la que vivían, por suerte, era propia, pero se les empezó a hacer cuesta arriba mantener el estilo de vida al que estaban acostumbrados. Tuvieron que ir abandonando ciertos lujos.
Qué dicen los expertos
Anularon las salidas a comer afuera, se terminaron los viajes y, poco después, también, los veraneos del mes de enero. Hubo que seguir ajustando y su padre les pidió que ya no invitaran amigos a su casa porque las cuentas no daban para asados, picadas y bebidas. Era inevitable, la caída continuó.
Adiós a la empleada que iba a limpiar todos los días y al jardinero. Todo lo doméstico lo empezaron a hacer ellos mismos los fines de semana y sin chistar. Se repartían tareas y administraban el poco dinero que quedaba.
Dentro de Hans, con cada retroceso en su forma de vida, crecían la inseguridad y la vergüenza ante los ojos de sus amigos. “Me daba muchísimo pudor que alguien que nos conocía de antes viera cómo vivíamos ahora. Nada estaba demasiado limpio.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





