
Juan Bautista Alberdi, pensador argentino: “La libertad es una máquina que, como el vapor, requiere maquinistas ingleses de origen”
La frase suena hoy políticamente incorrecta, casi escandalosa para los oídos del siglo XXI. Sin embargo, encierra el núcleo duro del pensamiento de uno de los intelectuales más brillantes y pragmáticos que parió el...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: La frase suena hoy políticamente incorrecta, casi escandalosa para los oídos del siglo XXI. Sin embargo, encierra el núcleo duro del pensamiento de uno de los intelectuales más brillantes y pragmáticos que parió el suelo americano. Cuando Juan Bautista Alberdi escribió que la libertad requería “maquinistas ingleses de origen”, no estaba firmando un acta de sumisión colonial, sino un manual de instrucciones de ingeniería social.
¿Qué pasaba entonces en este suelo bendito? La Argentina, recién librada de la larga sombra de Juan Manuel de Rosas, era un desierto institucional que necesitaba, con urgencia, transformarse en una nación moderna. Cuando Alberdi, exiliado en Valparaíso, Chile, se enteró de la caída del régimen rosista en la batalla de Caseros, no armó las valijas para volver, sino que se sentó a escribir febrilmente.
Los detalles
El resultado de ese rapto de lucidez fue Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. de Alberdi funcionarían como la matriz intelectual de la Constitución Nacional de 1853 porque señalaban que el principal problema del país no era la falta de ideales libertarios —las revoluciones de la década de 1810 ya habían gastado ríos de tinta en proclamas emancipadoras— sino la carencia de hábitos prácticos para sostener esos ideales. La libertad, para el autor, no era un don divino ni una declaración poética: era una tecnología compleja.
Por eso, esa gran frase resume su ideario. El uso de la palabra “máquina” y la referencia al “vapor” no son casuales. Alberdi escribe en el apogeo de la Revolución Industrial.
Admira el despliegue técnico de Inglaterra y el vigor expansivo de los Estados Unidos. Para él, estos pueblos no eran superiores por una cuestión racial biológica —un sesgo habitual en la época— sino por su cultura del trabajo, su respeto religioso por la ley escrita y su capacidad de transformación material. En ese sentido, la tesis albertiana es pragmática.
Qué dicen los expertos
El hábito de la libertad y de la industria, explicaba, no se enseña en las aulas repitiendo textos de Jean-Jacques Rousseau o de Montesquieu. Se aprende por contagio, por imitación. Es lo que él denominó la “educación de las cosas”.
Traer inmigrantes anglosajones y del norte de Europa no era solo poblar el vacío demográfico; era importar “maquinistas”, operarios que supieran cómo manejar los engranajes del capitalismo moderno, el comercio libre y las instituciones republicanas. Esta polémica frase resume de manera perfecta la máxima más famosa de su autor: “Gobernar es poblar”. Pero poblar con un sentido calificado.
En las páginas de las Bases... , Alberdi argumenta que la herencia hispánica en América Latina había dejado una matriz de ocio, burocracia y autoritarismo. Para romper ese círculo vicioso, era necesario un shock demográfico y cultural.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





