
La evolución del vino argentino: cómo se logró la independencia estilística y calidad mundial
Todos saben que los vinos que se consumen hoy en día no solo son mucho mejores que los que se bebían a comienzos del siglo XIX, sino que además son los mejores vinos de la historia argentina. La explicación de la...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Todos saben que los vinos que se consumen hoy en día no solo son mucho mejores que los que se bebían a comienzos del siglo XIX, sino que además son los mejores vinos de la historia argentina. La explicación de la evolución, radica en varios aspectos. Los avances tecnológicos tienen mucho que ver, además de la experiencia acumulada.
Porque la observación a lo largo de estos años, ha contribuido mucho a la toma mejor de decisiones de los hacedores que, cada vez más, encuentran en las tradiciones las respuestas que hoy necesitan. Porque para lograr grandes vinos se necesita una bodega equipada y bien limpia, pero también un terruño especial y, sobre todo, alguien que lo pueda interpretar con el objetivo de transformar un paisaje vínico en una botella única. Es por ello que, detrás de muchos vinos argentinos, hay historias que explican mejor dicha evolución, ya sean de una zona, de una variedad o de personajes que moldearon el vino argentino y que son muy responsables del estilo, la calidad y la diversidad que hoy ostenta la industria vitivinícola nacional.
Los detalles
Los integrantes del Congreso de Tucumán, que en 1816 proclamó la liberación política del país de la monarquía española, tomaban pocos vinos elaborados en la región de cuyo y muchos vinos españoles. Por consiguiente, la mayoría de los vinos que se tomaban por aquel entonces eran importados de España, porque además existía una ley (promulgada por la corona en el siglo XVI) que prohibía el cultivo de la vid en sus colonias. Así, la clase alta y los políticos disfrutaban de los afamados vinos de Rioja, Málaga y Jerez, mientras el pueblo debía conformarse con el “vino Carlón”; tintos generosos a base de la uva Garnacha que se elaboraban en la región de Valencia, a los que se encabezaba con mosto concentrado cocido durante la fermentación.
Eran vinos intensos, densos y pesados, de gran cuerpo y con más de 15 grados de alcohol, que soportaban bien el cruce del Atlántico y el paso del tiempo, pero debían rebajarlos con agua para poder tomarlos. Sin dudas, cuando se declara la independencia en el país, el vino Carlón (español) era el más popular. Cuarenta años después, la vitis vinífera se introduce al país masivamente; a mediados del siglo XIX.
Es por ello que a finales de ese siglo comenzó a desarrollarse la vitivinicultura a nivel industrial. Con el paso de los años, y ya liberados de la corona española, se empiezan a elaborar en el país (paradójicamente a manos de viticultores inmigrantes de España e Italia, principalmente) mejores vinos que aquellos importados. Mendoza ya producía una cantidad suficiente de un vino que resultaba de menos cuerpo que el Carlón, pero a la vez con bastante espíritu, de excelente gusto, y con cierta capacidad de guarda, según consta en documentos jesuitas de la época.
Qué dicen los expertos
Elaborados a base de uvas Criolla (grande y chica), Cereza y Moscatel, provenientes de parrales “españoles” y cosechadas en canastos, se llevaban en mula a la bodega. Los racimos se volcaban en un lagar de cuero de buey, allí se pisaban y el mosto (jugo de uva) se depositaba en grandes botijas para su fermentación. Una vez obtenido el vino, se colaba con un cedazo de cuero para eliminar hollejos, semillas e impurezas, y de ahí pasaba a las vasijas de arcilla y cerámica (reemplazadas a finales de siglo por las de roble), ubicadas en los sótanos de las bodegas para su posterior despacho.
Los vinos (independientes) argentinos de hoyLa industria vitivinícola local se forjó a imagen y semejanza del Viejo Mundo, con uvas, métodos y denominaciones europeas, llegando a ser uno de los cinco productores de vinos del mundo de la historia. Fue así que, hasta finales del siglo XX, los vinos nacionales más admirados y consumidos tenían mucho más que ver con la influencia de los importados. Pero algo cambió, más allá del comienzo del nuevo milenio.
Porque con el correr de los años y el debut de los vinos argentina en los principales mercados de exportación, rápidamente surgió la necesidad de ser más competitivos. Al principio, el foco estuvo en mejorar el producto, tanto desde el viñedo como en la bodega. Pero no era solo cuestión de inversión, equipamiento y know how de “flyingwinemakers”, faltaba algo más; la independencia.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





