
La historia del padre que transformó el diagnóstico de autismo de su hijo en una causa social: “Gracias a él soy solidario”
“Mis amigos fueron padres en una sala de partos. Yo fui padre en una sala de juzgado”, dice Ricardo Demirci, que cada Día del Padre vuelve al momento exacto en que sostuvo a Iván por primera vez. Tenía 39 años y un bebé...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: “Mis amigos fueron padres en una sala de partos. Yo fui padre en una sala de juzgado”, dice Ricardo Demirci, que cada Día del Padre vuelve al momento exacto en que sostuvo a Iván por primera vez. Tenía 39 años y un bebé de apenas 28 días que acababa de llegar a su vida a través de la adopción.
Dice que le bastó una mirada para sentirse padre. Hoy, 27 años después, asegura que ese fue uno de los momentos más importante de su vida. Nada salió como lo había imaginado.
Los detalles
Como tantos padres, proyectó un futuro para su hijo: estudios, deportes, una profesión. Pero cuando Iván tenía apenas dos años, un diagnóstico dentro del espectro autista modificó el mapa completo de la vida idílica. Lo que entonces pareció un golpe difícil de asimilar terminó convirtiéndose en el inicio de una transformación profunda.
“Fue lo mejor que me pasó en la vida”, asegura con una emoción casi tangible. La historia familiar se completó en 2010 con la llegada de Brian, su segundo hijo adoptivo. La familia de cuatro aprendió a construir una dinámica atravesada por desafíos, aprendizajes y una convicción que Ricardo repite una y otra vez: poner siempre a los hijos en el centro.
Veintisiete años después de aquella mirada, su experiencia excede lo personal. La vida de Iván se transformó también en una causa social. El diagnóstico que cambió todas las preguntasDespués de nueve años de buscar un embarazo, Ricardo Demirci y Marta Jimena, su esposa, decidieron adoptar.
Qué dicen los expertos
La idea de tener un hijo biológico había perdido fuerza ante el deseo irrefrenable de formar su familia. Comenzaron con los trámites de adopción. Así llegó Iván a sus vidas cuando tenía 28 días.
“Cuando me lo pusieron en los brazos, fue un amor a primera vista. Me clavó la mirada y me derretí”, dice entre emocionado y con la felicidad del recuerdo. Durante los primeros años, en casa no habían notado nada en particular que les hiciera pensar que había algo diferente en su hijo Iván, nacido el 5 de junio de 1999.
Pero cuando tenía dos años y asistía al jardín maternal, una maestra llamó al matrimonio para conversar. “Nos dijo que nuestro hijo no avanzaba como el resto de los chicos. Ahí fuimos enseguida a consultar a un neuropediatra”, recuerda Ricardo.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





