
La imperdible historia de la migración artística entre Argentina y España, en el Bellas Artes
Los movimientos migratorios son una parte fundamental de la construcción cultural humana, incluso antes de la creación de los Estados-Nación, y el arte no estuvo, ni está, excento a estas dinámicas de intercambio, a...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Los movimientos migratorios son una parte fundamental de la construcción cultural humana, incluso antes de la creación de los Estados-Nación, y el arte no estuvo, ni está, excento a estas dinámicas de intercambio, a partir de las que se crean los cánones, esas normas no escritas que demarcan estilos y temas de una época. La exposición Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930), en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), ingresa de manera directa en estas influencias, a partir de un acercamiento sobre los flujos artísticos y personales que tejieron la red de lo que fue la construcción de la “mirada porteña” del arte en el siglo XX. La muestra, que saca a la luz obras del acervo del espacio, como ya había sucedido con Museo secreto en 2025, reúne más de sesenta obras y documentos históricos, que revelan cómo los viajes de artistas argentinos a la península ibérica y la llegada de artistas hispanos a Buenos Aires configuraron nuevas identidades y circuitos del arte local e internacional.
Con la curaduría de Florencia Galesio, Paola Melgarejo y Patricia Corsani, en una colaboración entre el MNBA y el Departamento de Bellas Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, la investigación revela cómo la reciprocidad habilitó no sólo la reconstrucción de itinerarios formativos de artistas argentinos en ciudades como Madrid, Granada, Vigo y Mallorca, sino también el rastreo de creadores españoles que arribaron a la Argentina buscando nuevos escenarios y públicos. Entre los primeros argentinos que optaron por cruzar el Atlántico hacia la península —en una época en la que Italia y Francia eran los destinos hegemónicos— se destacan nombres como Jorge Bermúdez y Cesáreo Bernaldo de Quirós, quienes bajo la influencia de maestros como Eduardo Chicharro, Ignacio Zuloaga y Hermenegildo Anglada Camarasa, absorbieron el repertorio visual español para luego declararlo señas de identidad propias en obras sobre el interior argentino y la vida rural. En los años en que Buenos Aires empezaba a consolidar un mercado para la pintura, el tipo de obra que circulaba respondía a un perfil social concreto: “Por el perfil de quienes podían comprar, tenían que ver con paisajes de sus lugares de origen o temas costumbristas”, explicó Galesio, en un recorrido de prensa.
Los detalles
Esa demanda, estuvo vinculada a “familias españolas”, una procedencia que orientaba los gustos hacia escenas reconocibles y tradiciones del siglo XIX en España. En ese marco ubicó a la obra Rosario de la Aurora, de José García Ramos, con “una temática de carácter costumbrista”, construida sobre “una escena narrativa, casi cinematográfica”. Y precisó: “Alude a una costumbre muy arraigada en el siglo XIX en España, que era salir en procesiones a rezar el rosario en las madrugadas”, pero en la que el énfasis no estuvo puesto en una imagen devocional idealizada, sino “en una lucha afuera de una taberna entre dos facciones”.
La expo tiene, por supuesto, una fuerte pata documental, que suma al relato de cómo la ciudad emergió como un polo vital de recepción y comercialización del arte español, fenómeno vinculado a la prosperidad económica local, con la figura del marchand José Artal, quien introdujo a artistas fundamentales como Joaquín Sorolla y Fernando Álvarez de Sotomayor, consolidando una corriente de gusto hispánico entre los coleccionistas y la naciente burguesía. Paralelamente, la apertura del MNBA en 1895 significó la formalización de esa circulación en el patrimonio institucional. Bajo la dirección de Eduardo Schiaffino, y gracias al aporte de grandes coleccionistas (como Parmenio Piñero y Ángel Roverano), el acopio público incorporó obras de autores fundamentales —incluidos Sorolla, Santiago Rusiñol y Eliseo Meifrén— mediante adquisiciones y legados.
Otro hito documentado es la Exposición Internacional de Arte del Centenario, en 1910, en cuya sección española las obras de Ignacio Zuloaga y Hermenegildo Anglada Camarasa recibieron los máximos premios, y en consecuencia pasaron a engrosar el acervo. Aparece en el recorrido la gravitación de Roma, a partir de quienes viajaban para formarse ante el arte clásico y terminaban encontrándose con una escena española que marcó su aprendizaje, su gusto y hasta el mercado pictórico. La reconstrucción sitúa en ese centro a Mariano Fortuny y Francisco Pradilla, dos nombres que, en distintos momentos, funcionaron como referencia para los argentinos que llegaron entre 1870 y 1880.
Qué dicen los expertos
“Todos querían ir a Roma, nadie quería ir a España por el momento”, porque buscaban “formarse en el arte clásico” y ver a Miguel Ángel, Leonardo y Rafael, pero esa expectativa cambiaba al llegar debido a que se encontraban con “una colonia de artistas españoles muy importante”, sumó Corsani. En la capital italiana, Fortuny montó “un taller enorme”, en un espacio lleno de telas, disfraces y objetos de época que compraba como coleccionista, con una preferencia por el siglo XVIII, el rococó y el arte francés de ese período. El efecto sobre los argentinos fue directo.
A partir de ese contacto, artistas como Augusto Valerini y Reinaldo Giudici llenan “el mercado de Buenos Aires de mosqueteros pintados a la acuarela”, en una traslación casi literal del modelo que imponía Fortuny. La interrupción de esa influencia tuvo una fecha biográfica temprana: Fortuny “muere muy rápido”, a los 36 años. Ese vacío en Roma sería ocupado por Pradilla, quien además abrió un puente con Galicia, un territorio que la muestra presenta como especialmente cercano a los argentinos.
Las travesías artísticas no fueron episodios aislados, sino flujos persistentes que dirigieron parte del pulso creativo de ambos países. A partir de la década de 1880, los jóvenes argentinos comenzaron a elegir España como eje de sus búsquedas estéticas y profesionales. Madrid y su Museo del Prado se convirtieron en espacios de aprendizaje insoslayables, con largas sesiones de estudio ante las obras de Murillo, Velázquez, Goya, el Greco y Rubens.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





