
La maternidad penaliza a largo plazo: el 38% de las madres pausan su trayectoria laboral más de medio año, mientras que los hombres se reincorporan tras la baja
Aunque sobre el papel parezca que ya hemos alcanzado la igualdad real en los cuidados, aún nos queda mucho camino por recorrer como sociedad. Así lo destaca un reciente estudio de Funcas, basado en los datos de la...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Aunque sobre el papel parezca que ya hemos alcanzado la igualdad real en los cuidados, aún nos queda mucho camino por recorrer como sociedad. Así lo destaca un reciente estudio de Funcas, basado en los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2025, que desmiente que sean las empresas las que penalizan a las mujeres por ser madres, lo que no implica que haya equidad. Porque, aunque tanto hombres como mujeres se enfrentan exactamente a los mismos obstáculos dentro de la oficina, siguen siendo ellas quienes acaban sacrificando su carrera profesional y sus ingresos a largo plazo por encargarse de los cuidados.
En un principio, parece que la equiparación legal de los permisos de paternidad y maternidad impulsada en los últimos años ha sido todo un éxito, ya que lo disfrutan el 58% de los padres y el 57% de las madres. La brecha de género resurge al analizar cuánto tiempo deciden realmente apartarse los progenitores del mercado laboral después de la baja. Mientras que el 59% de los hombres se reincorpora a su puesto de trabajo en un máximo de dos meses tras el nacimiento, apenas el 7% de las mujeres opta por permisos más cortos.
Los detalles
Y, en el otro extremo, son el 38% de las madres las que pausan su trayectoria laboral durante más de medio año, pero solo el 7% de los padres son quienes lo hacen. Y algo similar ocurre con las excedencias no remuneradas, ya que, según los datos del informe, estas interrupciones son solicitadas por un 8% de las mujeres ocupadas, frente a un ínfimo 1% de los varones. El mito de que la crianza “no cambia nada”A simple vista, puede parecer que formar una familia ya no pasa factura profesional.
Los datos de Funcas detallan que un 75% de los trabajadores asegura que sus condiciones laborales no se han visto modificadas por motivos de conciliación. Pero la realidad es un poco más distinta. Un 82% de los varones confirma que su vida laboral no ha sufrido el más mínimo cambio tras tener hijos, una afirmación que baja catorce puntos en el caso de las mujeres, hasta el 68%.
Y es que, cuando las exigencias familiares aprietan y no queda más remedio que hacer malabares con los horarios, el golpe lo asumen ellas. Un 8% de las trabajadoras se ve abocada a recortar su tiempo de trabajo, asumiendo jornadas parciales y su consiguiente precariedad económica, una decisión drástica que solo toma el 1% de los hombres. Por su parte, la opción más equitativa, que consiste en adaptar la jornada sin perder horas de trabajo (como cambiar los turnos o el horario de entrada), apenas alcanza el 10% de los ocupados con responsabilidades familiares, sin grandes diferencias entre géneros.
Qué dicen los expertos
El problema no es tu jefe, es la inercia socialLlegados a este punto, lo lógico es pensar que los trabajos de las mujeres son más hostiles con la maternidad, obligándolas a ser ellas quienes den un paso atrás. Pero la EPA de 2025 lo desmiente categóricamente, ya que destaca que las barreras impuestas por los empleadores son idénticas para ambos. Un mayoritario 68% de los ocupados con hijos no percibe ninguna dificultad especial en su empleo para conciliar, una percepción que comparten por igual los trabajadores (67%) y las trabajadoras (68%).
Y quienes sí denuncian obstáculos, señalan exactamente a los mismos culpables, independientemente de su género: lidiar con horarios de trabajo impredecibles o difíciles (10%) y soportar jornadas laborales demasiado largas (10%). Al final, si los jefes y las barreras de las empresas son exactamente las mismas para padres y madres, pero las renuncias laborales recaen casi exclusivamente sobre ellas, la desigualdad no viene exclusivamente del entorno laboral. La penalización profesional femenina responde a preferencias familiares profundamente arraigadas y a unas expectativas sociales que siguen dictando que, a la hora de cuidar, la responsabilidad sigue teniendo nombre de mujer.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





