
La reflexión de Franz Kafka, escritor checo, sobre el valor de decidir: “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”
En una casa situada junto a la plaza de la Ciudad Vieja de Praga nacía un día como hoy hace 143 años el escritor que acabaría dando nombre al adjetivo que definiría a aquellas situaciones absurdas y fantásticas:...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: En una casa situada junto a la plaza de la Ciudad Vieja de Praga nacía un día como hoy hace 143 años el escritor que acabaría dando nombre al adjetivo que definiría a aquellas situaciones absurdas y fantásticas: kafkiano. Franz Kafka (Praga, 1883 - Austria, 1924) no solo fue el autor de La metamorfosis, sino el representante más famoso y reconocido de la literatura alemana de Praga y uno de los prosistas más importantes de la literatura universal del siglo XX. Kafka fue tan extremadamente crítico con su obra que publicó solo una pequeña parte de todo lo que escribió.
Además de su obra más famosa, en vida aparecieron relatos como La condena, En la colonia penitenciaria o Un artista del hambre. El resto de su producción llegó al público después de su muerte gracias a su amigo Max Brod, que desobedeció la orden del escritor de destruir sus manuscritos. Entre esos textos se encuentran sus aforismos, escritos entre 1917 y 1918 durante su estancia en Zürau —hoy Siřem, en la República Checa—, adonde se retiró tras ser diagnosticado de tuberculosis.
Los detalles
En ese contexto dejó una de sus reflexiones más famosas: “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar”. El origen de la citaLa cita pertenece a los Aforismos de Zürau, una colección de 109 pensamientos breves.
Aislado de la vida de Praga y consciente de que la enfermedad marcaría un antes y un después en su existencia, el escritor volcó en aquellos apuntes sus reflexiones sobre la culpa, la libertad, la fe, el tiempo y la condición humana. Nacido el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia judía germanoparlante de Praga, entonces integrada en el Imperio austrohúngaro, Kafka estudió Derecho en la Universidad Karl-Ferdinand de Alemania y trabajó en el Instituto de Seguros de Accidentes Laborales para el Reino de Bohemia. Pese a que consideraba la escritura su verdadera vocación y le fue difícil de compaginar con el trabajo de oficina, lo desempeñó con diligencia.
Solía escribir de noche, después de sus jornada laboral, y rara vez quedaba satisfecho con el resultado. Esa autoexigencia explica que dejara inacabadas novelas fundamentales como El proceso, El castillo o América, publicadas póstumamente gracias a su Brod, a quien le conoció en 1902 en la universidad. En 1912 empezó a escribir su primera novela, El hombre que desapareció, y otros relatos cortos, como El juicio, El alboroto o La metamorfosis.
Qué dicen los expertos
No sería hasta tres años más tarde, en 1915, cuando esta obra fue publicada por primera vez por la editorial de Kurt Wolff en Leipzig. Paralelamente, mantuvo una intensa correspondencia con Felice Bauer, con quien llegó a comprometerse en dos ocasiones, y más tarde con la periodista y traductora Milena Jesenská, responsable de traducir por primera vez parte de su obra al checo. En 1922 su delicado estado de salud le obligó a jubilarse anticipadamente del Instituto de Seguros de Accidentes Laborales.
Un año después se instaló en Berlín junto a Dora Diamant, con la intención de independizarse definitivamente de su familia y dedicarse por completo a la escritura. Durante esos meses retomó el estudio del hebreo e incluso llegó a plantearse emigrar a Palestina, un proyecto que la enfermedad terminó frustrando.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





