
Las casitas de la Puerta de Alcalá
Soy una muerta de hambre con dengues de pija, de acuerdo. Pero, a veces, cuando menos me lo espero, me da un brote de rencor de clase y le monto el numerito a quien menos culpa tiene ante lo que considero un oprobio...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Soy una muerta de hambre con dengues de pija, de acuerdo. Pero, a veces, cuando menos me lo espero, me da un brote de rencor de clase y le monto el numerito a quien menos culpa tiene ante lo que considero un oprobio intolerable.
La otra tarde, sin ir más lejos, broté de mala manera en la Puerta de Alcalá. Sí, esa que ahí está viendo pasar el tiempo desde hace dos siglos y medio en el mismísimo corazón de la capital.
Los detalles
La codicia de ciertos hosteleros, consentida por los jerarcas municipales y autonómicos, ha convertido las aceras de la glorieta más populosa de Madrid en un coto de señoritos vedado al pueblo. Algo así como la Casita de Bad Bunny antes de que las críticas le hicieran abrir la mano: un sitio donde se entra por guapo, rico o famoso, pero en suelo público y en el cruce de vías, y de vidas, más transitado y desigual de España.
Así, entre hordas de turistas haciéndose selfis medio en cueros, bandadas de repartidores en bici con el lomo hecho un ocho, gente bien trotando hacia el Retiro y currantes afanándose por llegar a tiempo al tajo, esos taberneros con ínfulas explotan tres cuartas partes del espacio de todos, obligando a los transeúntes a sortear sus barreritas con portero y pinganillo y sus veladores altos cual palos de gallinero, donde se encaraman a exhibir sus plumas los pavos y pavas reales que pasan el filtro.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





