
¿Los argentinos somos racistas? el análisis de la historiadora Magdalena Candioti tras los dichos de Samuel Jackson
La declaración del actor estadounidense Samuel Jackson, quien afirmó que “alentar a Argentina es alentar al país más racista del mundo”, reactivó la discusión sobre racismo y discriminación en el país. El mensaje,...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La declaración del actor estadounidense Samuel Jackson, quien afirmó que “alentar a Argentina es alentar al país más racista del mundo”, reactivó la discusión sobre racismo y discriminación en el país. El mensaje, viralizado en redes sociales, generó respuestas defensivas y reacciones en la opinión pública argentina. La controversia puso en primer plano el debate sobre la historia y la presencia de afrodescendientes en Argentina.
La historiadora Magdalena Candioti, autora de Una historia de la emancipación negra: esclavitud y abolición en la Argentina, explicó en Infobae A las Nueve que racismo y esclavitud no son sinónimos, pero poseen una relación profunda en la historia nacional. Según Candioti, el racismo en Argentina se vincula con la “construcción de miradas de alterización” hacia ciertos grupos. Esta discriminación tiene raíces en la esclavización y comercialización de africanos, proceso que integró al país en la historia esclavista de América.
Los detalles
Candioti afirmó que, aunque ingresaron menos esclavos a Argentina que a Brasil o Estados Unidos, la presencia de personas esclavizadas resultó central en la vida cotidiana del virreinato y la República. “No hubo esclavitud de plantación, pero la presencia fue central en casas, espacios rurales y urbanos”, enfatizó. La autora señaló que esta historia ha quedado invisibilizada tras la abolición en 1853, pero marcó profundamente la estructura social.
Esclavitud y discriminación en la historia argentinaLa historiadora señaló que la narrativa que minimiza la cantidad de afrodescendientes o sugiere una integración rápida carece de sustento histórico. Candioti indicó que las personas esclavizadas enfrentaron condiciones de vida muy difíciles, con tasas de mortalidad altas. Además, los varones afrodescendientes participaron en batallones segregados y estuvieron sobrerrepresentados en guerras de independencia y civiles, lo que agravó la fragmentación familiar.
Candioti remarcó que la segregación existió y que la discriminación persistió después de la abolición formal de la esclavitud. “Personas cosificadas, comercializadas, vendidas como cosas”, describió la autora. La mirada social sobre la afrodescendencia en Argentina se formó a partir de estos procesos históricos y se consolidó por la falta de registro en los censos durante décadas.
Qué dicen los expertos
La autora explicó que muchos argentinos pueden ser afrodescendientes sin saberlo, ya que la mezcla y la invisibilización operaron durante generaciones. En el último censo, cerca de trescientas mil personas se identificaron como afrodescendientes, aunque no todas presentan rasgos fenotípicos visibles. Comparaciones internacionales y políticas migratoriasCandioti advirtió que comparar el racismo argentino con el de otros países puede llevar a conclusiones erróneas.
Aunque la segregación legal fue más extensa en Estados Unidos, las políticas migratorias y los discursos sociales en Argentina también generaron exclusión. La historiadora recordó que la Constitución de 1853 promovió la inmigración europea con el objetivo de “civilizar” el país, lo que profundizó la marginación de afrodescendientes, pueblos originarios y otras minorías. La autora destacó que la abolición de la esclavitud en Argentina llegó antes que en Brasil y Estados Unidos, pero la discriminación no desapareció.
“La visibilidad negra está ligada a la segregación legal y a los obstáculos para la manumisión”, afirmó Candioti, subrayando que los procesos de emancipación en el Río de la Plata resultaron diferentes, pero no exentos de desigualdades. Al mismo tiempo señaló que el debate sobre racismo debe evitar tanto la idealización como la negación de problemáticas locales. Consideró que la reacción frente a acusaciones internacionales no debe servir para justificar ni para minimizar la propia historia.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




