
¿Lucharías por tu país? Los nuevos retos de España en defensa 25 años después del fin de la mili
Las poderosas pinzas de demolición van engullendo los edificios militares como si fueran mantequilla. Llevaban años sepultados por los grafitis y el olvido. Entre escombros y hierbajos, yacen vestigios de vieja...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Las poderosas pinzas de demolición van engullendo los edificios militares como si fueran mantequilla. Llevaban años sepultados por los grafitis y el olvido. Entre escombros y hierbajos, yacen vestigios de vieja iconografía castrense.
En semanas, este complejo quedará demolido y sus terrenos dedicados a la construcción de 10. 700 viviendas asequibles. Son los últimos restos en el barrio madrileño de Campamento de las decenas de cuarteles que cerraban como un candado los accesos a la capital.
Los detalles
Era la concepción franquista de la defensa: unas fuerzas mastodónticas, sin capacidad de proyección, mal formadas y equipadas, y destinadas a la ocupación del territorio contra un fantasmal “enemigo interior”. Con poca tecnología y mucho cuerpo a tierra. Lo contrario al modelo actual, que apuesta por fuerzas profesionales, tecnificadas y móviles, donde el soldado, hombre o mujer, es un especialista que opera sistemas, analiza datos, interpreta imágenes, se bate cibernéticamente, gestiona software, maneja inteligencia y pilota drones.
“Aunque, al final, para vencer, haya que poner las botas en el suelo enemigo, de lo contrario, no ganas la guerra, como le ha pasado a Estados Unidos en Irán. No se puede ganar al enemigo con esa idea extendida durante las pasadas décadas de cero bajas”, describe el almirante Fernando García Sánchez, jefe del Estado Mayor de la Defensa (jemad) entre 2011 y 2017, que continúa: “Y ese factor humano es el que ha logrado que Ucrania (más allá de la tecnología que ha desarrollado) lleve resistiendo a Rusia cuatro largos años. Es la voluntad de vencer.
No hay que olvidar que la razón de las Fuerzas Armadas, pese a quien le pese, es el uso de la fuerza”. O, como explica el soldado Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (un simulacro de sindicato con voz pero sin voto que defiende los intereses de 76. 000 soldados y marineros): “Los militares no vamos por el mundo a repartir peladillas, estamos de misión en lugares complicados, tenemos una vida dura y nadie se acuerda del veterano que con 45 años se va forzoso a su casa con 700 euros al mes y un currículo no homologado para la vida civil”.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





