
Mirando al mar desde la playa caribeña de La Guaira, de espaldas a la muerte
El único modo de escapar del olor es acercarse lo más posible al mar. La carretera de la costa es una frontera física y olfativa. De un lado, el agua serena y caribeña de una playa casi desértica. Al otro, un edificio...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. El único modo de escapar del olor es acercarse lo más posible al mar. La carretera de la costa es una frontera física y olfativa. De un lado, el agua serena y caribeña de una playa casi desértica.
Al otro, un edificio tras otro, todos derrumbados en un amasijo de hierro y cemento. Montañas de escombros, máquinas excavadoras, ambulancias, militares, policías. Todos buscando centenares de cuerpos sepultados tras el terremoto en la zona cero de La Guaira.
Un mundo en ruinas bajo el sol que a media tarde roza los 40 grados. El Gobierno de Venezuela ha repartido mascarillas ante el riesgo de infecciones por la descomposición de los cadáveres. Cuatro días después de los terremotos que sacudieron al país, el olor a muerte está tan presente que solo desaparece con la brisa salada del mar.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



