
Para su esposa era un hombre ejemplar y para el FBI, un asesino feroz: la caza del criminal que mataba cerca de las vías de un tren
En sus sesenta y pico de años de existencia, don Rafael Reséndiz no había tenido mayores sobresaltos hasta que una mañana de mediados de 1998 se pegó el susto de su vida al ver su casa –poco más que un rancho– rodeada...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. En sus sesenta y pico de años de existencia, don Rafael Reséndiz no había tenido mayores sobresaltos hasta que una mañana de mediados de 1998 se pegó el susto de su vida al ver su casa –poco más que un rancho– rodeada de hombres armados, calzados en chalecos antibala, con un jefe que le gritaba en español, pero con marcado acento extranjero, que saliera con las manos en alto. A decir verdad, ese día no fue don Rafael el único asustado, porque los habitantes de San Nicolás Tolentino nunca habían visto algo así. Un rato antes, cuatro camionetas negras, con los vidrios polarizados, habían entrado al pueblo a alta velocidad, levantado nubes de tierra por la calle principal hasta detenerse chirriando los frenos frente a la única plaza del lugar.
Si eso inquietó a quienes andaban por ahí haciendo sus cosas, se alarmaron mucho más al descubrir que los hombres que bajaban de los vehículos no eran mexicanos como ellos sino estadounidenses, que portaban armas largas y llevaban gorras donde decía FBI, como en las series de televisión. Los menos de cinco mil habitantes del pueblo, casi todos campesinos, nada sabían de jurisdicciones y nadie siquiera se preguntó qué hacían esos “yanquis” ahí. Sabían, sí, que a la autoridad se la respeta y por eso los primeros que fueron abordados por los agentes no dudaron en indicar una casa cuando les preguntaron por Rafael Reséndiz.
Los detalles
Así llegaron los agentes al rancho, lo rodearon con un despliegue de gritos y armas nunca visto, y ordenaron a quienes estaban allí que salieran con las manos en alto. Buscamos a Rafael Reséndiz– gritó entonces el que parecía ser el jefe. -Soy yo– contestó don Rafael con un hilo de voz.
Los estadounidenses se miraron desconcertados: buscaban a un tipo de unos treinta o cuarenta años y el hombre que decía ser Rafael Reséndiz pasaba largamente los sesenta. Le preguntaron si no había otro Rafael y fue entonces cuando el viejo campesino cayó en la cuenta de que se referían a su sobrino Ángel, el hijo de su hermana que había criado hasta los 12 años, cuando un día se fue. La confusión venía porque desde chiquito a Ángel le gustaba que lo llamaran Rafael.
Siguió entonces una larga explicación en la que a don Rafael le costó convencer de eso a los agentes, que tampoco le creyeron cuando les dijo que hacía años que no lo veía y que no lo tenía oculto ahí. “Llegaron varias camionetas y andaban por todas las calles del pueblo. Entonces fueron a buscarme cuando regresaba de ver lo de la siembra… para ese momento supe lo que había hecho Ángel”, le contó el hombre al periodista Darío Dávila, el único que lo buscó en 2006, cuando su sobrino Ángel –el que se hacía llamar Rafael- iba a ser ejecutado en una cárcel de Texas.
Qué dicen los expertos
Después de revisar su casa e interrogarlo a fondo, el jefe de los “yanquis” le contó que a su sobrino era uno de los diez delincuentes más buscados de los Estados Unidos, un peligroso asesino en serie con más de quince muertes en su haber, todas cometidas cerca de las vías trenes y que por eso se lo conocía como “El asesino de los rieles” y también como “El asesino del ferrocarril”. Luego de escuchar todo eso, don Rafael contestó que no podía creerlo, que ese no era su Ángel, el sobrino que se fue del pueblo cuando tenía 12 años y nunca volvió a ver. “Era alegre como todos los niños.
Los sábados me lo llevaba al campo. Siempre ignoramos por qué desapareció. Una tarde ya no regresó de la escuela”, le dijo al agente del FBI, como si con esa semblanza pudiera exculparlo de los crímenes que le imputaban.
Un Ángel llamado RafaelEl operativo fue un fiasco porque los agentes del FBI –estaban actuando con el permiso de las autoridades mexicanas– no encontraron al asesino en serie que buscaban, pero se llevaron un dato revelador que los ayudaría a encontrarlo: el supuesto Rafael Reséndiz se llamaba en realidad Ángel Leoncio Maturino Reséndiz. También supieron de boca de don Rafael –el verdadero– una parte desconocida de la historia de Ángel. Les contó que había nacido el 1° de agosto de 1959, que era hijo de su hermana Virginia pero que lo había criado él.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





