
Pisar sin saber: cómo un sendero mal gestionado puede dañar un ecosistema de forma permanente
Cada vez que alguien pisa un sendero en un parque natural deja una huella. No siempre visible, pero real. En el marco del Día Internacional de los Senderos, la efeméride que se celebra cada primer sábado de junio...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Cada vez que alguien pisa un sendero en un parque natural deja una huella. No siempre visible, pero real. En el marco del Día Internacional de los Senderos, la efeméride que se celebra cada primer sábado de junio impulsada por la asociación internacional World Trails Network, se busca destacar el valor de estos caminos para conectar a las personas con la naturaleza, promover la conservación ambiental y visibilizar el trabajo de quienes los cuidan.
Uno de los ecosistemas donde los senderos cobran mayor valor es la selva atlántica, que abarca el noreste de Argentina, Paraguay y el sureste de Brasil. Allí los senderos posibilitan contemplar la variedad de árboles de gran porte, arbustos, lianas, y una fauna diversa que incluye mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Sin embargo, ese ecosistema es uno de los más amenazados del planeta, debido a la deforestación, el avance agrícola, urbano y otras actividades humanas.
Los detalles
Actualmente, solo queda alrededor del 24% de su cobertura original, fragmentada en áreas protegidas y reservas privadas. “Los senderos permiten observar diferentes aspectos de la naturaleza y aprender. Su diseño es clave”, dijo a Infobae el doctor en biología Julián Baigorria, uno de los coordinadores de la Reserva Natural Karadya, que forma parte del Programa de Reservas Naturales Privadas de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.
“En nuestra reserva, los senderos permiten observar las especies de plantas y animales que habitan en la Selva Atlántica en estado primario, es decir, que nunca fue talada en su totalidad. Hay árboles centenarios, algunos con más de 400 años, 320 especies de aves, más de 300 especies de mariposas, orquídeas y miles de formas de vida más. Además, tenemos parcelas de restauración y cultivos agroecológicos, como yerba mate bajo sombra de árboles restaurados”, detalló Baigorria.
Desde la Patagonia argentina y en diálogo con Infobae, la doctora Valeria Ojeda, bióloga e investigadora en conservación animal y alfabetización ecológica del instituto INIBIOMA en Bariloche, que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, señaló que “las salidas por senderos para avistaje de fauna silvestre deberían realizarse en grupos pequeños para organizarse mejor y para que se resguarde el silencio durante las observaciones del turismo de bajo impacto”. La experta agregó que en países como los de América Latina deberían existir más instrumentos normativos, con su correspondiente presupuesto de soporte, para garantizar que los senderos protejan tanto al ambiente como a la experiencia de quienes buscan armonía con el entorno y una experiencia educativa, no solo recreación. “Esta problemática no es solo responsabilidad de los Estados, sino también del sector privado relacionado con actividades turísticas”, remarcó.
Qué dicen los expertos
Pisar sin saber: el daño que no se veA escala global, el problema trasciende las buenas prácticas individuales. Si los senderos se gestionan mal, pueden dañar de manera permanente los ecosistemas que se supone que buscaba proteger. Se trata de un problema que fue analizado ahora en profundidad por un equipo de investigadores de la Universidad de Lleida, en España, y del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Amazonas, en Brasil.
Publicaron los resultados en la revista científica Environmental Management después de analizar 28 estudios sobre el manejo de senderos en áreas naturales protegidas de todo el mundo. Esos trabajos eran de Estados Unidos, Australia, Japón, China, Polonia, Sudáfrica, Bélgica, Canadá y Costa Rica. La mayoría corresponde a parques nacionales, que son zonas con protección ambiental oficial y reglas estrictas de uso.
Ya se había detectado que los campos científicos que estudian los senderos usan los mismos términos con significados distintos, y eso genera confusión entre investigadores, gestores y legisladores. Esa confusión no es menor. Una palabra mal usada en un informe técnico puede derivar en una decisión de gestión que dañe un ecosistema de forma irreversible.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





