
Teté Coustarot habló de la relación de más de dos décadas con Carlos Gaziglia y por qué eligió no casarse
Mario Pergolini intentó convencer a Teté Coustarot de que se case con su pareja en uno de los momentos más divertidos de Otro Día Perdido (Eltrece), y el intercambio derivó en una confesión sincera de la modelo y...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Mario Pergolini intentó convencer a Teté Coustarot de que se case con su pareja en uno de los momentos más divertidos de Otro Día Perdido (Eltrece), y el intercambio derivó en una confesión sincera de la modelo y conductora sobre los más de veinte años de relación que lleva junto al empresario Carlos Gaziglia y los motivos por los que, pese al tiempo compartido, eligió no formalizar el vínculo ante la ley. Todo arrancó con una pregunta de Pergolini que, por un instante, confundió a todos en el estudio. “Teté, ¿no sería lindo casarnos?
Porque la verdad que sería lindo ahora”, lanzó el conductor. Coustarot lo miró de frente: “¿Es una propuesta? La aclaración llegó rápido —“No, no.
Los detalles
Yo te estoy diciendo... “— pero el daño ya estaba hecho: Rada y Evelyn Botto ya habían reaccionado con un “¡Aah! ” colectivo, a modo de broma.
“Yo pensaba que teníamos una propuesta de matrimonio en vivo”, admitió Rada entre risas. Una vez despejado el malentendido, Pergolini expuso su argumento con la lógica de quien cree tener razón. Le recordó a Coustarot que ya había conquistado su independencia, que llevaba más de 20 de años con Carlos y que, si su pareja alguna vez lo sugería en broma, probablemente lo decía en serio.
Para reforzar la idea, le mostró su propia alianza de casamiento como evidencia. Coustarot lo frenó: “Te voy a explicar una cosa, Mario”. Y entonces fue ella quien tomó la palabra.
Qué dicen los expertos
“Muchas mujeres se casan por la ilusión del vestido blanco, de la fiesta”, dijo la conductora, y acto seguido recordó su historia como modelo: durante años la pusieron de novia en desfiles, vistió cientos de vestidos blancos y protagonizó puestas en escena nupciales sin que ninguna fuera real. Esa acumulación de experiencia simbólica, explicó, le quitó cualquier atracción por la ceremonia. “Nunca sentí la necesidad de casarme”, cerró con convicción.
Pergolini no se rindió del todo. Reconoció que no hay una necesidad concreta, pero intentó reencuadrar el matrimonio como “un trámite lindo”, una frase que ablandó momentáneamente a Coustarot —“Es lindo, ¿no? “— y que llevó a pedir violines porque, según ella, el conductor se había puesto romántico.
“Me quiere vender el casamiento, qué genial”, dijo Coustarot entre risas, mientras Botto preguntaba: “¿Quién lo iba a decir? La propuesta imaginaria siguió con detalles logísticos. Pergolini descartó la iglesia, apostó por algo pequeño —“como Taylor Swift, en el Luna Park lo haríamos”, a modo de broma— y hasta sugirió Uruguay como alternativa de sede.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





