
Un estupendo portazo holandés a una empresa de EE UU
La brújula europeaColumnaiArtículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen...
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La brújula europeaColumnaiArtículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordadoUn estupendo portazo holandés a una empresa de EE UUEl Gobierno de los Países Bajos bloquea una operación de compra por parte de una compañía tecnológica estadounidense.
Europa debe desconfiar y construir alternativasEl primer ministro de los Países Bajos, Rob Jetten, este miércoles en el foro 'Next Gen: Security Conference', en La Haya. REMKO DE WAAL (EFE)Andrea Rizzi30 may 2026 - 05:30CEST Compartir en Whatsapp Compartir en Facebook Compartir en Twitter Desplegar Redes Sociales Ir a los comentariosAñadir EL PAÍS en GoogleCompartir: Whatsapp Facebook Twitter Bluesky Linkedin Copiar enlaceEl Gobierno de Países Bajos ha decidido esta semana impedir la adquisición por parte de la empresa estadounidense Kyndryl de la compañía holandesa Solvinity, proveedora de servicios en la nube esenciales en una plataforma de identificación de ciudadanos que quieren acceder a prestaciones digitales, entre los que están servicios sanitarios, fiscales o de otra índole administrativa. Se trata de un acertado portazo que, sin explicitarlo, expresa una verdad profunda.
Los detalles
El Ejecutivo holandés es muy prudente en explicar que las decisiones fundamentadas en la legislación sobre inversiones indeseadas no distinguen entre países y que, por lo general, la inversión estadounidense es bienvenida. No obstante, al margen de explicaciones oficiales, es difícil no ver en ello el reflejo de una constatación política que avanza en el continente: los europeos no podemos fiarnos de EE UU, y, desde luego, no podemos hacerlo en cuanto a penetración tecnológica en áreas estratégicas. La compañía Kyndril ha lamentado en un comunicado que la politización del asunto se haya sobrepuesto a los presuntos beneficios que la operación habría conllevado para los ciudadanos holandeses.
La realidad es que no hay asunto que pueda ser más político que el manejo de datos de ciudadanos por parte de una empresa tecnológica de un país en el que el alineamiento entre poder político nacionalpopulista y conglomerados del sector digital asume contornos monstruosos. La interconexión puede ser una realidad virtuosa cuando es equilibrada y genera interdependencia. En esos casos es una fuerza de beneficio mutuo y contención de riesgos.
Pero cuando la interconexión es asimétrica, como en el caso de Europa con EE UU, se convierte en una palanca perfecta para ejercer coerción. Donald Trump ya ha demostrado su disposición a recurrir a la coerción sin escrúpulos.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





