
Uno de los títulos más importantes de la Scaloneta: la paternidad
Para que algo pase desapercibido, muchas veces tiene que ser, paradójicamente, demasiado evidente. La frase suele atribuirse a G. K. Chesterton; no es seguro que sea suya, pero su ingenio la vuelve verosímil. Y, en...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Para que algo pase desapercibido, muchas veces tiene que ser, paradójicamente, demasiado evidente. La frase suele atribuirse a G. Chesterton; no es seguro que sea suya, pero su ingenio la vuelve verosímil.
Y, en cualquier caso, funciona como una buena puerta de entrada para lo que sigue. En medio de la conmoción por el triunfo de la Selección en Qatar, se produjo una verdadera saturación de imágenes. Nuestras retinas y pupilas, parecían agitarse, incluso fatigarse, ante una catarata incesante de escenas que reclamaban ser vistas, retenidas, compartidas, bajo los flashes, las luces blancas y el brillo casi irreal del Lusail Stadium.
Los detalles
Muchas de ellas quedaron grabadas a fuego en la memoria y en el corazón de los argentinos. Pero, en esa sucesión vertiginosa, hubo una en particular: silenciosa, potente, casi obvia en su sencillez, y precisamente por eso, corría el riesgo de pasar inadvertida. Envueltos en la emoción que unía continentes, en esa confluencia de lágrimas entre los que estaban allá y los que alentaban desde acá, Thiago Messi, Mateo Messi y Ciro Messi deambulaban por el campo de juego con una serena alegría y una libertad desarmante.
Su vínculo con el trofeo contrastaba con el significado que toda la nación le atribuía. En ellos, el contacto con la copa no expresaba solemnidad, sino una curiosidad genuina: la miraban de cerca, la tocaban sin apuro, la rodeaban como si fuera un objeto familiar, casi propio. Aquella imagen entrañable, que muchos conservan intacta en la memoria, más cercana al juego que a la épica, nos ofrecía la punta de un ovillo que conducía a algo mucho más profundo.
Era el origen revelador de un hilo invisible que vinculaba otras imágenes, recuerdos y frases que armonizaban en un mismo tono. Las pistas para descubrir otro de los tesoros que laten en el alma de la Scaloneta: la paternidad. Padres de la SelecciónEn la selección de Scaloni, la paternidad no aparece como tema, sino como atmósfera: se filtra en gestos mínimos, en escenas que no buscan explicación pero terminan diciendo mucho.
Qué dicen los expertos
Ya en los vestuarios de Brasil, durante la Copa América, en el marco de la recordada arenga de Lionel Messi, comenzaban a aparecer las pistas de este tesoro: “El Dibu fue papá, no pudo ver a su hija, no pudo hacerle upa”. La frase impactaba: no era aguerrida, pero tampoco desentonaba. Era doméstica, y sin embargo cargaba de profundidad y sentido el momento.
Tiempo después, en el Mundial de Qatar, tras la sufrida clasificación por penales ante Países Bajos, Lionel Scaloni buscó a su hijo mayor, Ian Scaloni, en la tribuna. El niño bajó al campo de juego y ambos se fundieron en un abrazo largo, contenido, en el banco de suplentes. Una imagen que anudó gargantas en todo el mundo.
Frente a esa escena, algunos intentaron explicarla desde categorías externas, como si hiciera falta nombrar “nuevas masculinidades” para entenderla. Pero no había demasiado para explicar: era apenas una invitación a contemplar la belleza de la paternidad. En una entrevista en 2023, Pablo Aimar dejaba ver una escena mucho más desafiante que cualquier gol: la dificultad de hablar con un hijo de 18 años.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





