
Volver a la universidad a los 72: cuatro cuadernos, Kant de madrugada y un amor desde la cardiología hasta la filosofía
Entré a la librería a comprar los cuatro cuadernos que necesitaba para cada una de las asignaturas del primer semestre del año 2022. Pensaba que esos cuadernos eran para mí. No eran para mis nietas. Sí, para mí, que...
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Estas son las últimas noticias de todo el mundo: Entré a la librería a comprar los cuatro cuadernos que necesitaba para cada una de las asignaturas del primer semestre del año 2022. Pensaba que esos cuadernos eran para mí. No eran para mis nietas.
Sí, para mí, que tenía que rotular cada cuaderno con el nombre de cada una de las asignaturas que comenzaban en agosto. Si lo quería cuadriculado o no, de qué tamaño, cuántas hojas, con o sin espiral. Ya no recordaba esas particularidades de los cuadernos.
Los detalles
Tapa dura o blanda, cuanto más comprara menor era el precio final y todas esas variantes que surgieron al comprar mis cuatro nuevos y flamantes cuadernos. Al terminar el secundario en 1968, tenía 16 años, dudaba qué estudiar en una carrera terciaria. Mi mayor interés era filosofía y segundo venía Medicina, que era la profesión de mi padre.
Lo hablé con él y me dio libertad plena para que tomara la decisión. Me preguntó si a futuro pensaba casarme y tener hijos, y al responderle afirmativamente, me dijo que tuviera en cuenta que aportar dinero al mantenimiento de una familia iba a ser más difícil como filósofo, probablemente dando clases, que en la medicina. Tomé la decisión y me gradué de médico en abril de 1975 con el deseo de especializarme en cardiología y buscar un sitio en el extranjero que me ayudara a tal fin.
Y así, gracias a la beca que me otorgó Rotary Internacional, en 1978 estaba en Houston, Texas, caminando todos los días los pasillos del Texas Heart Institute desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Y al volver a Rosario a comienzos de los 80, la cardiología me tenía atrapado. El regreso a las aulas a los 72 añosCasi 50 años después me desperté a las cuatro de la mañana ese día de octubre del 2024 para revisar un denso texto de Kant y finalmente tratar de entender qué quería decir en su metafísica.
Qué dicen los expertos
Ya llevaba dos meses de cursada y el nivel de exigencia era alto. Se me caían los libros de las manos, los cuadernos se iban llenando de anotaciones, resúmenes de lecturas, horas y horas sentados frente a la computadora, los libros, las hojas sueltas, los apuntes y los bolígrafos y resaltadores distribuidos a lo largo de toda la mesa. Hacía muchos años que no cambiaba los repuestos de las lapiceras tan frecuentemente y volví al lugar de antaño, que seguía abierto, a comprar los repuestos que se agotaban cada dos semanas de tanto escribir y tomar notas.
Miraba extrañado los dedos de mi mano derecha por la posición prolongada que tenían sosteniendo el útil de escritura. Las clases de tres horas los días martes y jueves de 18 a 21 me dejaban agotado y se sumaba que a esa actividad sincrónica de dos asignaturas semanales se sumaban otras dos clases asincrónicas grabadas que eran igual de exigentes que las sincrónicas. Todos los días le dedicaba cuatro horas a la maestría y otro tanto los fines de semana.
Los conocimientos entraban por todos lados. Lecturas, videos, audios, correos, documentos, tutorías, consulta con compañeros de cursada, conversaciones, sueños. Intentaba despegarme y me iba a nadar o a correr.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.



