
“Así como te amamos nosotros te van a amar después”: el duelo de dejar ir un bebé y la alegría de ser un puente hacia su bienestar
Cuando pasa, se enfrentan a una dicotomía. Hay una sensación instintiva, visceral y genuina que los abduce del propósito fundamental: están tristes porque se va. La angustia los embarga porque saben que ya pasó, que ya...
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Cuando pasa, se enfrentan a una dicotomía. Hay una sensación instintiva, visceral y genuina que los abduce del propósito fundamental: están tristes porque se va. La angustia los embarga porque saben que ya pasó, que ya no estará, que otra vida se fue.
No niegan que eso los contraria. Es un sentimiento validado, innato y fugaz. La contradicción que los embarga en ese adiós se disuelve rápido cuando recuperan su estabilidad emocional y recuerdan que son una familia de acogimiento, que los hermanos Juana, Belén, Francisco, Felipe y Rosario, que los papás Pilar y Paco, cuidaron de ese bebé o ese niño hasta que su situación judicial se resuelva.
Los detalles
“Es una mezcla de alegría y tristeza -describe Paco-. Para mí es alegría del objetivo logrado, el hecho de lo que hicimos con él, la alegría de que él encontró un lugar, una familia, y la tristeza de que llegamos y no va a estar”. “Es una lucha de sentimientos -reconoce Pilar-.
A mí me pasó con Lucas que un día de la fundación me dicen ‘te queremos avisar que ya tenemos carpeta para padres adoptivos’ y en un primer momento decís ‘¡ay no! Y después en un minuto decís ‘¡Sí! Separemos los sentimientos”.
Por la casa pasó Lucas, pasaron también Ana y Julián. Uno estuvo cinco meses, otro dos y otro ocho. Durante ese plazo, la familia se amplió (y el corazón también).
Qué dicen los expertos
Juana dice que se trata de un amor “desesperado”: “Sabés que lo tenés por un tiempo determinado pero no sabés cuándo se va a acabar. Entonces es aprovechar todo el tiempo para darle amor a esa persona y es un amor distinto al de familia, amigos, pareja”. Deslizan que es un amor de desborde porque es finito y porque existe, inconsciente, una deseo de compensación.
En la víspera del Día Mundial del Acogimiento Familiar, testimonios en primera persona de una familia que tiene en claro que su deseo no es adoptar, sino acompañar: brindarle abrigo, cuidado y amor a quien lo carece por un plazo específico. Están inscriptos en la Fundación Juguemos y Caminemos Juntos, cuyo propósito consiste restituir y proteger los derechos de los niños en situación de vulnerabilidad desde la primera infancia, y saben bien que su único objetivo es ser “un puente” entre un pasado vulnerable y un futuro auspicioso. —¿Cómo llega el deseo de ser familia de tránsito?
Pilar —Debo decir que Paco dos años antes más o menos empezó a decir que quería hacer algo con chicos o para los chicos. “Me gustaría hacer esto, me falta hacer esto, me falta hacer esto”. Nunca llegamos a buscar qué…—Ya había una necesidad de ayudar, pero sin entender…Paco —Para dar.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





