
El 'scape room' del que Ana no podrá salir jamás: quemada a la bonzo en un 'juego' que ha convertido su vida en "un infierno"
TribunalesEl 'scape room' del que Ana no podrá salir jamás: quemada a la bonzo en un 'juego' que ha convertido su vida en "un infierno"Piden entre dos y tres años para el dueño de Villa Amparo y un empleado por las...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. TribunalesEl 'scape room' del que Ana no podrá salir jamás: quemada a la bonzo en un 'juego' que ha convertido su vida en "un infierno"Piden entre dos y tres años para el dueño de Villa Amparo y un empleado por las lesiones graves a su clienta, a la que rociaron con gasolina y luego prendieron fuego Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 2 comentariosVilla Amparo, la casa situada a las afueras de Cájar (Granada) donde se ofrecían experiencias de 'scape room' y donde sucedieron los hechos. CRÓNICAChema Rodríguez SevillaSevillaSEGUIR AUTORActualizado Martes, 23 junio 2026 - 22:45Villa Amparo se anunciaba como un scape room «hardcore». Una experiencia extrema, casi casi real, una aventura que tenía como escenario un casa solariega y desvencijada a las afueras de Cájar (Granada).
El reto consistía en salir de allí sorteando trampas y peligros (teóricamente simulados e inofensivos). El único riesgo que advertían los organizadores era el de echar a perder la ropa que los participantes llevasen y, de hecho, aconsejaban vestir prendas viejas de las que pudieran desprenderse sin problema. Cuatro años después de pasar por Villa Amparo, Ana (es un nombre ficticio para preservar su anonimato) no puede salir a la calle sin un paraguas que la proteja del sol, su piel es delicadísima y se ha tenido que someter a un sinfín de operaciones que la han dejado, definitivamente, marcada por dentro y por fuera.
Los detalles
El 40% de su cuerpo ardió en una de las aventuras de aquel scape room al que acudió el 27 de junio de 2022 junto a cinco amigos pensando en echar unas risas y soltar adrenalina. Pero a Ana la rociaron con un líquido que debía ser agua con una gota de gasolina pero que era gasolina sin gota de agua y luego le acercaron un mechero encendido que ella sopló y apagó dos veces, pero a la tercera... Y el desafío (inofensivo) que prometía la publicidad de Villa Amparo se convirtió en una pesadilla en la que lleva atrapada cuatro años.
Esta semana, Ana revivió el momento en el que la quemaron a lo bonzo ante el magistrado del Juzgado de lo Penal 5 de Granada que ha juzgado al dueño de la empresa y a uno de sus empleados por lesiones graves por imprudencia y ha rememorado cómo advirtió, una y dos y tres veces, de que aquel líquido que le vertieron encima «olía muchísimo» a gasolina y cómo no le hicieron el menor caso. No solo eso, sino que, el empleado que se ha sentado en el banquillo y que, antes, la había amordazado en una silla (eso era parte de la aventura), encendió el mechero y se lo acercó y ella se convirtió en una bola de fuego humana. La Fiscalía y la acusación particular han pedido para los dos acusados penas de dos y tres años de cárcel, respectivamente, y les reprochan faltaron a «los más elementales deberes de cuidado de su puesto de trabajo» al no cerciorarse de la composición de la mezcla con la que rociaban a los participantes antes de prenderles fuego.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





