
Más allá de las drogas de diseño: por qué la poliadicción y el malestar social son la marca de esta época
Cada 26 de junio se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. A medida que pasan los años, vemos la evolución de una problemática, que ya no se trata simplemente...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Surgen avances clave en el escenario mundial. Cada 26 de junio se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas. A medida que pasan los años, vemos la evolución de una problemática, que ya no se trata simplemente de “drogas”. El cambio de paradigma es que el problema ya no radica en una sustancia específica, sino en un contexto de poliadicción en el que se mezclan sedantes, residuos de todo tipo, drogas veterinarias, anestésicos y estimulantes.
El colapso del sistema de salud y cómo la propia sociedad fomenta el consumo para poder tolerar el “modo supervivencia” superan ampliamente a las medidas exclusivas del sistema de salud y nos imponen la necesidad urgente de cambios socioculturales estructurales. Ya no se trata de preguntarse exclusivamente por los efectos de la cocaína o el fentanilo de forma aislada. El mercado ilícito impuso las mezclas como respuesta a una sociedad que medicaliza su sufrimiento, en la cual el rendimiento es el eje existencial absoluto.
Los detalles
Esa respuesta estimula, realimenta y así perpetúa el círculo. Durante mucho tiempo hemos mirado el árbol y no el bosque que representa el problema de las adicciones, hoy llamados consumos problemáticos. Abordar a la “droga de moda”, como el fentanilo en tiempos recientes, como si fuera un enemigo con existencia física al que se podría derrotar nos llevó al fracaso.
Así, los médicos y el personal de salud “aprendíamos” nuevos nombres y moléculas, pero siempre corríamos por detrás de un mercado que se adelanta a nuestra capacidad de comprenderlo. El usuario ya no sabe qué consume; solo busca el cierre de su conciencia que le permita sostener la existencia cotidiana. El opio, la “adormidera”, ya no se usa para provocar un sueño reparador, sino para aturdirnos, para provocarnos estupor; de allí el término estupefacientes.
Vivimos inmersos en un contexto social que muta a tal velocidad que la posibilidad de adaptarse y subsistir se vuelve, por momentos, caótica e insostenible para el psiquismo; habitamos un entorno patógeno y, quizás, hasta deshumanizado. Para ciertos grupos sociales más frágiles, apagar la mente y aturdirse termina siendo la única opción imaginable. Todo esto deja como única opción vivir en un constante “modo supervivencia” en el cual las alertas no dejan de sonar.
Qué dicen los expertos
Cómo opera el aislamiento y el sufrimiento psíquicoEn ese caos, para que los estímulos y las alarmas se alejen, el individuo se aísla. Al profundizar ese encierro con las sustancias, cae en un profundo vacío existencial y en un sufrimiento psíquico intolerable. El síntoma, es decir, la adicción, la violencia y la depresión, son en realidad la claudicación de una unidad psico-física que ya no puede tolerar una vida que se ha vuelto insoportable en las demandas que plantea para el individuo.
El factor central es la búsqueda incesante de una sustancia que modifique la percepción de lo cotidiano, ya sea para escapar, buscar placer o forzar el rendimiento; pero ya no para expandir la mente, sino, por el contrario, para lograr el estrechamiento de la conciencia. El papel de la dopaminaA la vez, en una sociedad que promueve la retribución inmediata y la intolerancia a la frustración, entra en juego una trampa biológica: la dopamina. Contrario a lo que popularmente se cree, esta molécula no nos da la retribución por algo logrado, sino que rige la anticipación y la expectativa de esa recompensa.
La droga secuestra este sistema y empuja al individuo a buscar un atajo que promete evitar el esfuerzo, la carga y el dolor inherente a la existencia. Otra característica y que es muy evidente en las áreas que incluso hacen a lo criminológico-forense, es que este contexto social ya no toca solo a las clases desfavorecidas o marginales, sino que es transversal a toda la sociedad. La necesidad de éxito, de placer y bienestar, la huida de las emociones y la intolerancia a la incertidumbre de todo tipo, toma de rehenes a las clases medias, profesionales, estudiantes y políticos por igual.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





