
Politicos de ayer y de hoy
Muchos se preguntan si los políticos de hoy son peores que los de la Transición. No creo que sean mejores ni peores. Los había entonces, como hoy, de todo pelaje, inteligentes, mediocres, lúcidos, rateros, honestos y...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Muchos se preguntan si los políticos de hoy son peores que los de la Transición. No creo que sean mejores ni peores. Los había entonces, como hoy, de todo pelaje, inteligentes, mediocres, lúcidos, rateros, honestos y fanáticos.
Pero aquellos políticos de la Transición tenían una ventaja; habían sido elegidos para acabar con la dictadura y traer la libertad y la democracia y aunque algunos fueran particularmente torpes y cerriles este proyecto histórico los ennoblecía. El tiempo todo lo dora y a una distancia de 40 años ahora parece que aquellos políticos tenían un nivel intelectual que no tienen los de ahora. Podían haber llegado al Parlamento desde el franquismo, desde la clandestinidad, el exilio o la lucha callejera.
Los detalles
Algunos tenían una gran historia detrás y los que carecían de pasado sabían que estaban viviendo los primeros capítulos de una fascinante historia política. Imagino que los hijos de cualquiera de aquellos diputados, de izquierdas o de derechas, se sentirían orgullosos de ver a su progenitor sentado en el Parlamento. Puede que no abriera la boca y se limitara a obedecer al jefe de filas al dar con la llave a la hora de votar, pero al volver a casa sería recibido con respeto por toda la familia.
Entre los políticos de hoy, sin duda, los hay inteligentes, mediocres, lúcidos, de primera o segunda clase, pero cualquier diputado de talento, de izquierdas o de derechas, queda envilecido por el fétido albañal de la política española, que mancha a todos por igual. Es imposible escuchar en el Parlamento un discurso que vaya dirigido a la inteligencia o un pensamiento noble que no esté ahogado en un cúmulo de odio, entre la resistencia agónica y el ataque sin medida. Imagino que la familia de algunos de estos diputados se sentirá avergonzada al verlo en el telediario convertido en un bellaco que suelta por esa boca todo lo que le sale del bajo vientre.
¿Con qué autoridad puede exigir a sus hijos que se comporten en la mesa y después de comer se laven los dientes?
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





