
'Romeo y Julieta' de Gounod en el Teatro Real: un gélido guateque
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Surgen avances clave en el escenario mundial. CULTURA'Romeo y Julieta' de Gounod en el Teatro Real: un gélido guateque Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarPase gráfico con el primer reparto de Romeo y Julieta, de Charles-François Gounod. EFEÁlvaro del AmoActualizado Jueves, 28 mayo 2026 - 00:17La ópera de Gounod toma de la obra de Shakespeare el absurdo argumento, concentrándose en el meollo dramático; es fácil y cómodo recibir la historia de los enamorados otorgándoles tanto la admiración por la efervescencia de su mutua pasión como, sobre todo, la indignación por la injusticia de una sociedad que arrastra de la Edad Media el encono de un conflicto tribal. Pero quizá lo esencial no sea el Amor con mayúscula ni la pugna entre Montescos y Capuletos, sino algo más vivo y secreto: el cómo una niña de catorce años descubre que un ser viviente despierta en ella la sospecha de que aquí se viene a amar.
La música de Gounod nos ofrece tal revelación con sobria, tensa, arrebatada riqueza. El retrato de Julieta es el eje y centro memorable de una ópera que necesita, de un modo particularmente imperioso,, de una soprano excelsa y de un tenor bien dotado. El libreto sugiere el clima temporal y espacial donde la pareja se encuentra.
Los detalles
El tiempo es nocturno (a menudo con la inminencia del alba). Al lugar se accede (un balcón, un muro, una cripta). La noche sombría, mientras espera el amanecer que la muy citada alondra anuncia una y otra vez, se ilumina con las antorchas que celebran los esponsales y las velas que acompañan el tálamo nupcial.
El montaje de Jolly, sin embargo, parece menos interesado en contar la fuerza del destino de la pareja emblemática que distraernos con una fiesta carnavalesca, pensada alrededor del consabido mamotreto giratorio que se mueve porque sí, mientras oleadas de figuras espasmódicas ni siquiera respetan lo que Juliera canta al conocer a Romeo. Nadine Sierra seguro que es una Julieta excelente; tiene la voz y la convicción del personaje. Aquí flota cada vez más perdida, abandonada por la dirección de escena.
Javier, Camarena es un Romeo ilegible; al pobre primero le visten de tejón, luego debe acudir a la noche de bodas en camiseta, siempre incapaz de comunicar lo que siente. Carlo Rizzi ofrece una lectura musical agria y estridente, como si en vez de los amantes emblemáticos fueran dos sicilianos abrumados por la caballerosidad rústica. Loa demás artífices, desde el inverosímil fray Lorenzo hasta el inexistente Mercucio, cumplen con su función de comparsas.
Quien no conozca esta ópera, cabe lamentar que sigue sin conocerla.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





