
En España hay censados más jubilados y pensionistas que jóvenes: los ‘boomers’ determinan a quién benefician las políticas públicas
El número de ciudadanos mayores de 64 años con derecho a voto superó en 2017, por primera vez en la historia democrática española, al de ciudadanos menores de 35. Ese cruce silencioso, que no fue noticia entonces,...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Surgen avances clave en el escenario mundial. El número de ciudadanos mayores de 64 años con derecho a voto superó en 2017, por primera vez en la historia democrática española, al de ciudadanos menores de 35. Ese cruce silencioso, que no fue noticia entonces, representa el cambio estructural más profundo que ha experimentado el sistema político español en décadas. Sus consecuencias son directas: “A medida que el votante mediano envejece, los partidos tienen incentivos racionales para proteger el gasto presente frente a la inversión en el futuro”.
Así lo documenta un informe publicado el 2 de julio de 2026 por José Ignacio Conde-Ruiz, investigador de Fedea y la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Es decir, se protegen las pensiones y se dejan a un lado las demandas de los jóvenes. Hasta mediados de los años noventa, los menores de 35 años representaban más de una cuarta parte del electorado potencial, mientras que los mayores de 64 apenas alcanzaban el 15%.
Los detalles
La brecha era amplia y favorable a los jóvenes. A partir de entonces, ambas tendencias se invirtieron: las generaciones más jóvenes fueron perdiendo peso relativo a medida que las cohortes del baby boom avanzaban hacia la madurez y la natalidad caía. En 2025, los mayores de 64 representan el 24,7% del electorado potencial frente al 22,7% de los menores de 35.
Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) prolongan esta divergencia hasta 2074, cuando los mayores de 64 representarán en torno al 35% del sufragio potencial, casi el doble que los menores de 35 (20%). La edad mediana del electorado refleja el mismo proceso. En 1971 era de 42 años; en 2025 ha alcanzado los 50.
Para 2074, las proyecciones del INE la sitúan en torno a los 55 años. Ese desplazamiento no es neutral: a medida que el votante mediano envejece, las preferencias que los partidos tienen incentivos de atender se desplazan con él. La doble trampa de los jóvenesEl desequilibrio demográfico se amplifica por un segundo factor: los jóvenes votan menos.
Qué dicen los expertos
Según datos de encuestas postelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) compilados por el Instituto de la Juventud (INJUVE), la brecha de participación entre jóvenes de 18 a 29 años y adultos de 30 o más años ha oscilado entre 8 y 15 puntos porcentuales en cada elección general desde 1982. La excepción fue 2015, cuando la irrupción de Podemos y Ciudadanos contrajo esa brecha hasta los 5 puntos, lo que sugiere que la abstención juvenil no es inmutable: responde también a la oferta política disponible. Las consecuencias de cruzar demografía y participación son asimétricas.
El peso de los menores de 35 cae del 22,7% del electorado potencial al 18,7% del voto efectivo, una reducción de casi una quinta parte de su peso nominal. El de los mayores de 64, en cambio, apenas se mueve: del 24,7% al 25,1%. Son más en el censo y, además, van más a votar.
El informe de Fedea lo resume así: demografía y conducta electoral se refuerzan mutuamente para amplificar el peso político de las cohortes de mayor edad. A ello se añade un tercer elemento que completa la desventaja de los jóvenes: la fragmentación de su agenda. Un pensionista tiene una relación directa, mensual y cuantificable con el Estado.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





