
La belleza de la semana: una historia del fútbol y del arte, en un viaje por 11 obras
En pleno mes mundialista, el fútbol es el rey. Así que la belleza, esta vez, recorrerá 11 obras, una por jugador de campo, del deporte más popular del planeta.Por supuesto, no es un listado tipo ranking, ni que busca...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: En pleno mes mundialista, el fútbol es el rey. Así que la belleza, esta vez, recorrerá 11 obras, una por jugador de campo, del deporte más popular del planeta. Por supuesto, no es un listado tipo ranking, ni que busca ser historicistas del estilo “la primera obra”, sino proponer algunas obras esenciales que marcan un poco el recorrido del deporte durante el siglo XX (y también del arte): los inicios, la prohibición del fútbol femenino, el juego en la infancia, el deporte como fenómeno popular y el nacimiento de un club, entre otrs temas, en manos de artistas como Rouseau, Malevich, Zárraga, Portinari, Berni o Picasso.
¿Y qué con el arte contemporáneo? Quizá sea para otro 11. “Les joueurs de football”, de Henri RousseauA pesar de que empezó a pintar en serio recién en sus 40s, el artista Henri Rousseau (1844-1910) evitó quedar relegado en la historia del arte gracias a su vínculo con un grupo de maestros consagrados, un respaldo que, según señaló el escritor André Malraux, terminó por asegurarle un lugar en el modernismo.
Los detalles
Los jugadores de fútbol, probablemente, se inspiró en el primer encuentro internacional entre Francia y Inglaterra, jugado el año en que se realizó la obra, 1909, en París. Pero, ¿es un partido de fútbol o de rugby? La relación entre ambos deportes es profuna: ya que el hoy más popular, que tiene fecha de creación oficial en 1863, es una derivado del otro, ambos nacidos en Inglaterra, por lo que cabe preguntarse si Rousseau realmente conocía de que se trataba eso de jugar con los pies o si retrató a un arquero (o portero), marcando un puente entre ambos.
La pintura se caracteriza por una escala y una perspectiva inusuales: los árboles aparecen desproporcionadamente altos y los jugadores, sobredimensionados, se ven casi como figuras planas recortadas sobre el paisaje, en un rechazo explícito de las reglas convencionales de la representación espacial. El jugador ubicado en el centro y más cerca del espectador suele interpretarse como una referencia visual o un autorretrato del propio Rousseau. “Dinamismo di un calciatore”, de Umberto BoccioniDinamismo de un futbolista (1913) es una pintura al óleo de Umberto Boccioni (1882–1916) y no es solo una de las grandes obras del futurista italiano, sino también de las más reconocidas en torno al deporte.
Un clásico de este tipo de notas. La obra muestra a un futbolista desmaterializado: la pantorrilla aparece en el centro y, alrededor, se distinguen partes de otros cuerpos. El uso de colores divididos en secciones genera un efecto de iluminación sobre la figura, mientras que la superposición de formas transparentes y opacas remite a una influencia cubista.
Qué dicen los expertos
La pintura se vincula con un principio del Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista: “Para pintar una figura humana no hay que pintarla; hay que representar toda su atmósfera circundante... el movimiento y la luz destruyen la materialidad de los cuerpos”, escribió Boccioni. “Painterly Realism of a Football Player—Color Masses in the 4th Dimension", de Kazimir MalevichKazimir Malevich (1879-1935) fue una de las figuras más decisivas en el avance hacia la abstracción no objetiva a través del movimiento suprematista.
Antes había trabajado en un lenguaje cercano al cubismo y al futurismo, pero fue en 1915, año de esta obra, esa búsqueda alcanzó una forma plenamente desarrollada. Realismo pictórico de un jugador de fútbol: masas de color en la cuarta dimensión formó parte de un grupo de obras que Malevich produjo en secreto para 0. 10 (Zero-Ten): La última exhibición de la pintura futurista, realizada en Moscú en 1915, considerada una de las muestras decisivas de la modernidad, en la que presentó pinturas que eliminaron toda referencia reconocible al mundo visible y concentró la atención en la relación entre formas geométricas de distintos colores suspendidas sobre fondos blancos.
A partir de esa decisión, propuso una nueva clase de realismo en pintura, vinculada a la metáfora espacial de la cuarta dimensión. La pieza también fue concebida para desestabilizar la orientación tradicional del cuadro. Malevich la exhibió sin marco y rechazó asignarle una posición precisa, una decisión que luego reforzó al abandonar la idea convencional de “arriba” y “abajo” en sus obras.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.




