
Las altas capacidades, La Oreja de Van Gogh y la (in)comprensión lectora
La penúltimaLas altas capacidades, La Oreja de Van Gogh y la (in)comprensión lectoraYo no escribo para provocar, escribo para acabar. Sin embargo, me veo envuelto en dos polémicas virales con algo en común: se me achaca...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. La penúltimaLas altas capacidades, La Oreja de Van Gogh y la (in)comprensión lectoraYo no escribo para provocar, escribo para acabar. Sin embargo, me veo envuelto en dos polémicas virales con algo en común: se me achaca lo que no dije Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email 1 comentarioAmaia Montero, en el concierto de regreso a La Oreja de Van Gogh. EFEIñako Díaz-GuerraSEGUIR AUTORActualizado Jueves, 21 mayo 2026 - 21:31Isabel Espiño.
Tu feed, tu basura Irene Cuevas. Los hombres queridos Nacho Vigalondo. Pizzas, películas y patriotismo Prolifera el afán columnístico de escribir para provocar.
Los detalles
Yo escribo para acabar. Sin embargo, mis dos últimos artículos en esta sección me han envuelto en polémicas inesperadas con los padres de niños con altas capacidades (esta me incomoda) y con los fans de Amaia Montero y La Oreja de Van Gogh (esta no). Más allá de la diferente gravedad de los temas, algo las une: se me achaca lo que no dije.
No pensaba responder, pues es devolver el foco a algo olvidado hace diez o doce guerras virales, pero el cosquilleo me persigue y creo que el problema es tan frecuente que merece unos párrafos. Tengo parte de culpa, por supuesto. El 90% de mis opiniones son absolutamente convencionales: me gustan el chocolate, el fútbol y la cerveza; creo en el diálogo, el Estado del Bienestar y la quema de camisas de manga corta; mis pelis preferidas tienen un 80 o más en Metacritic, acudo a conciertos de 50.
000 personas y canto Nino Bravo en los karaokes. Obviamente no voy a escribir de eso, sería un peñazo, sino del 10% que nos separa, aunque sea ligeramente, de la línea recta y, pese a que las redes sociales insistan en asesinar a la ironía, me niego a renunciar al humor al hacerlo. Eso, inevitablemente, genera reacciones en este mundo de cabreo preventivo y literalidad.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





