
Los 61 bomberos forestales de Madrid ‘aparcados’ en una sala porque están contratados como conductores de taxi y no se les paga la peligrosidad
Antonio está estudiando, Toni está leyendo un libro y Óscar está navegando por Internet buscando un empleo para este invierno. Los tres están uniformados y en sus camisetas aparece el logo de bomberos forestales de la...
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Surgen avances clave en el escenario mundial. Antonio está estudiando, Toni está leyendo un libro y Óscar está navegando por Internet buscando un empleo para este invierno. Los tres están uniformados y en sus camisetas aparece el logo de bomberos forestales de la Comunidad de Madrid. Antonio y Óscar deberían estar destinados en el parque de bomberos de Torrejón de Ardoz y Toni en el de Lozoyuela, pero este miércoles están ‘aparcados’ en una de las salas de la Dirección General de Emergencias, en el kilómetro 22 de la carretera de la A Coruña.
En una sala donde los funcionarios de esta dirección suelen comer, pero que ahora ocupan ellos rodeados de neveras, microondas y una máquina que vende refrescos y sandwiches. Los 61 bomberos forestales (dos de ellos mujeres) que forman la plantilla de la Comunidad de Madrid llevan desde mediados de mayo yendo a trabajar todos los días a esta sala. No van a los parques de bomberos que hay en la región.
Los detalles
Han decidido acudir todos los días en su horario laboral, de 12 a 22 horas, repartidos en turnos de dos días, a la dirección física que aparece en su contrato cómo lugar de trabajo. Es su forma de protestar porque el Gobierno regional que preside Isabel Díaz Ayuso no aplica la ‘Ley 5/2024, de 8 de noviembre, básica de bomberos forestales’, que fue aprobada por el Gobierno central y ratificada por el Congreso y el Senado para intentar dar más seguridad jurídica a esta profesión y que, por ejemplo, “establece una única categoría de bombero forestal”. Pero en los contratos de Antonio y Toni figura, todavía, que son conductores de automóviles, taxis y furgonetas, y en el de Óscar que su categoría es la de mantenimiento de edificios.
Tampoco les quieren reconocer los pluses de peligrosidad, esfuerzo físico, toxicidad, morbilidad, penosidad y de riesgo psicofísico generado por las situaciones de estrés que contempla la ley nacional. Ni la Comunidad les quiere contratar todo el año. Los sigue empleando solo para la campaña de verano, de mayo a octubre.
Así que hartos de no llegar a un acuerdo con el Ejecutivo autonómico decidieron a mediados de mayo cumplir lo que sí dice su contrato e ir a trabajar a la dirección física que aparece en él: la sede de la Dirección General de Emergencias. Como no es donde deberían estar, se han acomodado en la sala de comidas o en el exterior a la sombra con algunas sillas. “No tenemos nada que hacer.
Qué dicen los expertos
Ni siquiera la Comunidad de Madrid nos pone vehículos para trasladarnos a los parque de bomberos de la región. Nos pagan por no hacer nada. Simplemente porque no quieren negociar”, señala Antonio, que pertenece al comité de huelga.
La Comunidad tiene dos tipos de bomberos: unos 1. 700 que son funcionarios y estos 61 que son personal laboral y son bomberos forestales. En teoría debería ser 124, pero solo 98 aprobaron el proceso de estabilización que terminó en 2024.
La plantilla es de 61 porque el resto (hasta 98) están de excedencia ganándose la vida en otros empleos, cansados de la situación que viven en Madrid. Sí se jubilan antesLa ley nacional deja claro que “los bomberos forestales adscritos a los operativos de extinción de las administraciones competentes desempeñarán operaciones de extinción de incendios forestales”. También pueden desempeñar otras funciones como “tareas de prevención, vigilancia y detección de incendios forestales; mantenimiento de infraestructuras de prevención y extinción de incendios forestales; tareas de información y concienciación a la población; y apoyo en otras contingencias o en situaciones excepcionales en las que el medio natural y rural se vea afectado”.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





