
Luces y sombras
Ciudad AbiertaLuces y sombras"Es preocupante el clima político, con un Ejecutivo y un PSOE que ya no tienen problema en cuestionar a los investigadores" Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Ciudad AbiertaLuces y sombras"Es preocupante el clima político, con un Ejecutivo y un PSOE que ya no tienen problema en cuestionar a los investigadores" Compartir Facebook X - Twitter WhatsApp Telegram LinkedIn Copiar enlace Enviar por email ComentarAldama, Ábalos y García, durante el juicio. David Jiménez Torres MadridMadridSEGUIR AUTORActualizado Martes, 23 junio 2026 - 03:14 Audio generado con IATribunales El Supremo condena a 24 años de prisión a Ábalos y a 19 a Koldo García y premia la colaboración de Aldama con la Justicia 'Caso mascarillas' El Supremo libra de la cárcel a Aldama: "El Estado de Derecho debe premiar a quienes acreditan delitos graves para el sistema democrático" Ustedes dirán si debemos ver el vaso medio lleno o medio vacío. Por un lado, tenemos el hecho de que las acciones corruptas de un ministro han sido investigadas, juzgadas y condenadas.
Un ministro que en su día tuvo muchísimo poder, ya que era al mismo tiempo el hombre de confianza del presidente, el secretario de Organización de su partido, y el titular del ministerio con mayor presupuesto. Además, el juicio y la condena se han producido cuando quien nombró a ese ministro sigue en el poder. Que el antiguo jefe y la antigua formación de José Luis Ábalos sigan controlando el Ejecutivo no ha supuesto su impunidad.
Los detalles
También es positivo que la sentencia del Supremo explique el efecto corrosivo que ejerce la corrupción sobre el sistema. Así, se recuerda que existen unas reglas básicas del Estado de Derecho, un terreno común al margen de las pugnas partidistas o las sensibilidades ideológicas, en el preciso momento en el que la existencia de ese terreno común se ve cuestionada o relativizada por puro oportunismo político. Tampoco se puede decir que los jueces y fiscales hayan estado solos en esto: pese a las presiones del oficialismo político y mediático, algunos medios se atrevieron a denunciar los indicios de corrupción que pesaban sobre Ábalos.
Y buena parte de la opinión pública ha mostrado una saludable indignación ante las revelaciones sobre el comportamiento de la antigua mano derecha de Pedro Sánchez. La sentencia del Supremo ratifica, en definitiva, lo que se había ido viendo desde que estalló este caso: nuestra democracia sigue teniendo contrapesos, defensores, anticuerpos. Pero luego está todo lo demás.
Todo lo que hace que un episodio que debería reforzar la fe en la madurez del sistema también aporte motivos para la preocupación. Por ejemplo: que el ex ministro condenado por corrupción sea el mismo que defendió hace ocho años la necesidad de un cambio de gobierno para castigar la corrupción demuestra cuánto hubo de farsa en aquel movimiento supuestamente regenerador. La sustitución del PP por el PSOE y sus aliados no limpió nuestras instituciones ni devolvió la dignidad a nuestra vida pública.
Solo cambió la baraja de la corrupción, solo repartió nuevas cartas.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





