
Soy editora de bienestar y no puedo más con tanto consejo incompatible con la vida
La VitalistaSoy editora de bienestar y no puedo más con tanto consejo incompatible con la vidaNos encantaría madrugar para exponernos a los primeros rayos del sol en lugar de incrustarnos en un vagón de metro en el que...
No Meeting by June 30 — Where will Trump and Putin meet after that?
Estas son las últimas noticias de todo el mundo: La VitalistaSoy editora de bienestar y no puedo más con tanto consejo incompatible con la vidaNos encantaría madrugar para exponernos a los primeros rayos del sol en lugar de incrustarnos en un vagón de metro en el que apenas se puede respirar. O cubrir los requerimientos diarios de proteína a base de chuletón de Wagyu y salmón salvaje. Pero, ¿quién puede hacer eso?
GEMA GARCÍA MARCOS Actualizado Martes, 23 junio 2026 - 00:19 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Enviar por emailShutterstock Estoy hasta ahí mismo de consejos incompatibles con mi vida y, me atrevo a decir, con la de la inmensa mayoría de la población. Sé que, viniendo de alguien que se dedica desde hace más de una década a escribir sobre bienestar, la declaración puede sonar bastante fuerte y hasta contradictoria, pero es que esto se nos está yendo ya de las manos. Antes de pensar que estoy tirando piedras contra mi propio tejado, dejadme que me explique, por favor.
Los detalles
A estas alturas, tenemos bastante claro que los hábitos cotidianos juegan un papel clave no sólo en nuestra salud presente, sino también en la futura, en esa longevidad saludable (healthspan) a la que aspiramos. Sabemos que, entre esas buenas costumbres, la actividad física, el descanso, la dieta, la gestión del estrés y las relaciones sociales de calidad deberían figurar como prioridades en nuestra agenda diaria. También que, en casos concretos y bajo supervisión profesional, la suplementación nos puede ayudar a dar un salto cualitativo.
Somos conscientes de todo ello e intentamos ponerlo en práctica a pesar de que las obligaciones del día a día nos lo ponen muy complicado. La mayoría de nosotros vive en una gran ciudad y se despierta al alba con la alarma del móvil, no con el canto de los pájaros. Lo hace porque tiene que preparar el desayuno de sus hijos, dejar la comida hecha y salir escopetada hacia el curro, metida en un atasco o en un vagón de metro que va hasta los topes; no para exponerse a esos primeros rayos del sol que regulan el reloj biológico, optimizan la producción de hormonas y curten nuestra piel.
Porque, ya se sabe, lo suyo es que el astro rey nos acaricie suavemente durante todos los días del año, no sólo en agosto, que es cuando tenemos vacaciones y, claro, por eso nos quemamos. Aunque albergamos la certeza de que el sedentarismo va en contra de nuestro diseño natural y, por eso, sacamos tiempo de donde no lo hay para entrenar, nuestros trabajos nos obligan a estar con el culo pegado a una silla y nos tenemos que conformar con levantarnos cada hora para subir un tramo de escaleras o hacer sentadillas en el baño. Nos encantaría hacer 'grounding' para conectarnos con la energía de la Tierra, pero, como mucho, podemos cargarnos de la electricidad estática de la moqueta de unas oficinas que, por cierto, suelen tener una luz blanca supermolesta y el aire acondicionado demasiado fuerte.
A la hora de comer, la cosa tampoco mejora.
El tema se ha convertido en uno de los puntos más destacados de la agenda mundial.





