
Mi Mundial: 8 escritores cuentan estos días de pasión futbolera y sus derivados
Nadie se pierde un Mundial. Están los que siguen con sus vidas como si nada, intentando que el fútbol sea apenas un murmullo lejano, pero también los que se entregan a la pasión de banderas y goles. ¿Qué puede hacer un...
July 31 — İsrail x Hizbullah ile kalıcı barış anlaşması...?
Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Nadie se pierde un Mundial. Están los que siguen con sus vidas como si nada, intentando que el fútbol sea apenas un murmullo lejano, pero también los que se entregan a la pasión de banderas y goles. ¿Qué puede hacer un escritor frente a un fervor así?
Los nueve autores con los que habló Infobae están disfrutando (y sufriendo) la desmesura de los días mundialistas. Aferrados a la pantalla, siguiendo jugada a jugada, anotando cada resultado, se dejan llevar por la dinámica de lo impensado, pero también observan con suma atención todo lo que pasa alrededor, en el borde, sus derivados. ¿Qué dice este Mundial del mundo?
Los detalles
A continuación, Bárbara Pistoia, Eduardo Berti, Florencia Canale, Jorge Carrión, Ana Wajszczuk, Javier Sinay, Julieta Correa y Nicolás Guglielmetti nos dan algunas respuestas. El fútbol nunca es solo fútbolBárbara Pistoia, autora de libros como “Una guerra en paz” y “Todo Diego es político”Aunque esta vez me estaba costando entrar en clima, la verdad es que una vez que arranca el Mundial te arrasa. Por lo general, no suelo perderme ningún partido y los tengo de fondo mientras trabajo o hago otras cosas, pero después hay algo de ordenar la jornada freelance alrededor de los partidos que me interesan especialmente y eso habilita cierta ritualidad que disfruto mucho.
Este mundial además tiene varías ironías, porque Estados Unidos es una ironía en sí: una potencia aferrada a un sueño americano blanco que no asume su tercermundismo interior, que fanonianamente es la mejor fuerza que tiene, y a su vez, un mundo que cuando mira a Estados Unidos, en general, compra ese relato de potencia y sueño americano blanco, y casi no miran a ese tercermundismo, a sus comunidades racializadas, afro y latinos, y tantos más, a todas sus corrientes alternativas, a todo eso que construye una contradicción muy fuerte, irresuelta. También es increíble ver cómo el juego siempre gana: el mundial en cada edición se vuelve más obscenamente ambicioso en su concentración de poder, guita, publicidad, interfiriendo directamente en lo que es el juego en sí. Y sin embargo, la pelota rueda y todo puede pasar.
Lo interrumpen para publicidad y show, le meten el VAR para llevar a cámara lenta y a detalle matemático cada jugada, como si no fuera un deporte de roce, como si su gracia no tuviera mucho que ver con el accidente, con el borde. Y aún así, sigue siendo profundamente artístico, conmovedor, sorpresivo. Cuánto de lo que pasa en cada partido libera imaginarios necesarios, urgentes, que rompen el algoritmo, que permiten la conversación geopolítica con abordajes mucho más humanitarios (y en este mundial, por ser quiénes son los anfitriones y los contextos, esto aparece muy recargado y permitiendo conversaciones censuradas en muchos espacios).
Qué dicen los expertos
Un mundial es la posibilidad de revisar no tanto quiénes somos, sino por qué somos lo que somos. El fútbol nunca es solo fútbol, detrás de cada gesto deportivo hay mil historias territoriales, las victorias y derrotas se leen bajo la clave de las historias políticas, sociales, culturales. La unión latinoamericana frente a los europeos, al mismo tiempo que entre todos los latinoamericanos nos matamos, porque obviamente queremos esa bendita copa: hay algo ahí de literatura, poesía, gesta de esperanza, maximalismo, gloria paralela, recreo mental ante tanta dureza.
Está claro que no cambia nada, pero a la vez sí: te cambia el ánimo de un día y eso no es poco, tampoco es poco poder arrancarle un par de horas al sistema para regodearte en lo inútil de la pasión. Obviamente espero que nos quedemos con la cuarta estrella, que no tengamos que enfrentar y dejar afuera a latinoamericanos; podría ser de nuevo lidiando con ese “villano de una historia mal contada” que es el increíble Mbappé, porque me gusta mucho la música que tiene la frase “Segundo Francia”. Argenchina contra DinamarcanadáEduardo Berti, autor de libros como “La estrella y la memoria” y “Faster”Tengo un vínculo mundialista, exclusivamente mundialista, con mi amigo T.
Vivimos a miles de kilómetros uno del otro. Con el tiempo y la distancia dejamos enfriar un vínculo que viene desde la infancia y aprendimos a cultivar un silencio casi perfecto entre los dos, pero sabemos que el contacto reaparece cada cuatro años, en cuanto empieza un nuevo mundial de fútbol, y que durante toda la competencia vamos a enviarnos montañas de mensajes. El fútbol nos hizo amigos; el fútbol tiene el poder de resucitar nuestro lazo.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





