
J. D. Vance cuenta cómo pasó de declararse ateo en Irak a convertirse al catolicismo en 2019
Tenía siete años cuando le preguntó a su abuela cómo podía ir el alma al cielo si el cuerpo quedaba atrapado bajo tierra. La mujer —que dormía con 19 pistolas cargadas en la casa y adoraba al evangelista Billy Graham,...
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Una noticia relevante se está gestando en la escena internacional. Tenía siete años cuando le preguntó a su abuela cómo podía ir el alma al cielo si el cuerpo quedaba atrapado bajo tierra. La mujer —que dormía con 19 pistolas cargadas en la casa y adoraba al evangelista Billy Graham, aunque desconfiaba de casi todos los demás televangelistas— se tomó un momento antes de responder. El niño ya había propuesto su propia analogía: el alma sería como la bala y el cuerpo como el casquillo; Dios dispararía la bala al cielo mientras el casquillo quedaba en la tierra.
Bonnie Vance, la “Mamaw” de J. Vance, consideró la pregunta con seriedad. “Bueno, maldita sea, supongo que es así”, respondió al fin.
Los detalles
Esa escena de Middletown, Ohio, condensa el eje de Communion: Finding My Way Back to Faith (“Comunión: cómo encontré mi camino de regreso a la fe”), el libro que el actual vicepresidente de los Estados Unidos publicó en 2025 y que traza el arco de su vida espiritual: desde una infancia marcada por la pobreza y el caos familiar en los Apalaches hasta su conversión al catolicismo en 2019, pasando por años de ateísmo declarado. El libro -primero en la lista de best sellers de No Ficción en el New York Times- no es un tratado de apologética cristiana ni un manifiesto político disfrazado de espiritualidad. Vance lo define desde las primeras páginas como “la historia de un hombre.
Nada más, nada menos. ” El texto recorre tres décadas de búsqueda religiosa con una honestidad que incluye las contradicciones, las dudas y los fracasos morales del propio autor. Se aleja del género de la autobiografía triunfal y se acerca más a la tradición de las confesiones agustinianas —no por casualidad, San Agustín de Hipona fue el santo que Vance eligió en su confirmación católica.
La fe de Mamaw y el vacío que dejó su muerteLa figura que estructura todo el relato es Bonnie Vance, la abuela materna a quien el autor llama Mamaw. Mujer de temperamento áspero, lenguaje sin filtros y fe profundamente personal, Mamaw no encajaba en ningún molde convencional de la devoción evangélica. Amaba a Billy Graham y despreciaba a los sanadores de fe, en especial al televangelista Benny Hinn, a quien veía como un estafador.
Qué dicen los expertos
“They’re all crazy” (“Están todos locos”), decía cuando lo veían actuar en televisión. “And he’s an effing crook” (“Y él es un maldito ladrón”). Fue Mamaw quien le dio a Vance su primera educación teológica, improvisada y directa, en conversaciones que el autor recuerda con precisión a lo largo del libro.
Pero fue también su muerte la que desencadenó la crisis de fe del autor. Perder a Mamaw no fue para Vance un acto intelectual de abandono de la religión: fue, según sus propias palabras, “el equivalente de un divorcio”. Separarse de la fe significaba reinterpretar en clave secular cada momento sagrado compartido con ella —incluidas las canciones de himnos que entonaron junto al lecho de muerte de su bisabuela— y reducirlos a “un gesto bonito, quizás, pero nada más”.
La infancia de Vance en Middletown estuvo marcada por la adicción a los opioides de su madre, la inestabilidad doméstica y la ausencia de figuras paternas estables. Ese contexto de clase trabajadora blanca en el cinturón de óxido de Ohio —ya documentado en su anterior libro, Hillbilly Elegy (2016)— aparece aquí con una dimensión adicional: la pregunta de cómo la fe pudo sobrevivir en ese ambiente, y por qué eventualmente no lo hizo. Irak, Yale y el ateísmo como conformismoEl camino hacia el ateísmo de Vance no siguió el guion habitual.
El desarrollo ha despertado una amplia atención internacional, con los círculos diplomáticos siguiéndolo de cerca.





